La rutina es procelosa en corrientes de cursos, correcciones, exposiciones, trabajos escritos y visitas de reportero en ciernes. La noche llega con un velo de fatiga que se encarga de entrecerrar mi mirada y guiarme al apagón inmediato de la conciencia. El tiempo no alcanza, pero no me quejo. Es la forma de felicidad que he escogido para esta etapa. ¿Qué haría en la oscuridad del ocio, lamentándome de mi cobardía? Así estoy mejor: activo, sudoroso, apurado, con taquicardia y diarreas de estrés.
Mi lado literario sigue avanzando. Si todo camina bien, Lima Sur estará en sus manos a mitad de año. Y, si la buena racha no se detiene, la Municipalidad de Lima reeditará Lima Norte. Sería excelente. Esperemos con calma que la flecha del tiempo se encargue de esas dádivas o nos envuelva en el limbo.
Trataré de escribir lo más seguido que pueda en esta bitácora que registra mi vida desde hace más de dos años.
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