sábado, 21 de mayo de 2011

Fulbito



Activar el cuerpo, pedir el balón, recibirlo con precisión, hacer el recorrido, sacarme un adversario de encima y enviar un pase a un compañero bien ubicado. En teoría suena fácil. El problema es el físico. He jugado fulbito el sábado pasado y hoy mismo, y esa es la conclusión. Mi capacidad física es pobrísima. Sé dar tacos, tengo una base para gambetear, pero me falta el aire. Y así no puedo seguir. Por cansancio pierdo el balón y me dejo superar por los adversarios. En mi mente, cobijo el deseo de perseguir a los delanteros como un perro endemoniado, pero las piernas no me obedecen.

Al menos convertí un gol, que ni siquiera celebré.

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