Ollanta Humala y Keiko Fujimori son impresentables. Los dos. Ambos están ligados a familias siniestras. El hermano de uno es un asesino loco que está preso. El papá de la otra es un mafioso que no puede vivir sin poder, el títere de Montesinos. Ollanta habla mal, se le ve limitado y es contradictorio. Ha cambiado una y otra vez de estrategia; ha virado sus promesas; ha solapado su inocultable cercanía a Chávez y su nacionalismo fanfarrón e intrasigente;ha diluido su velasquismo de antaño...Ha cambiado de discurso. No tiene bandera. Del loco de hace unos lustros al hipócrita moderado y derechista de esta campaña. Por su parte, la china Keiko también es contradictoria. Afirma que gobernará ella misma y no su padre, pero en sus mítines y propagandas reluce el nombre y el rostro de Alberto Fujimori. El Chino está preso justamente, claro que sí. Pero, si seguimos esa lógica, Álan García también debería estar preso y hoy es nuestro presidente. Claro está. Keiko quiere que confiemos en ella, pero posee en sus filas a la gente de la época de su papá. ¿Total? No les creo ni a Ollanta ni a Keiko. Ambos son convenidos, nos florean bonito porque estamos en campaña y las papas queman. Carajo. Estamos jodidos. Se sigue jodiendo el Perú. Candidatos basuras. Y me impresiona saber hasta dónde puede llegar el consuelo del mal menor, ese consuelo de tontos. Ahora toda una manada de intelectuales y figuras públicas apoyan a uno, apoyan a otro. Lo peor es que ya se han comprado el discurso de alguno de esos impresentables candidatos.
Me repugna ese discurso de reivindicación que maneja Humala. Me suena a pura retórica. ¿De verdad va a ayudar a los que menos tienen? ¿De verdad es ese justiciero que entiende al Perú profundo? No le creo nada. Si su hermano ha matado cuatro policías en el Andahuaylazo, ese evento absurdo, torpe y torpe, parido de mentes limitadas que todo lo ven lucha armada. Mediocres y brutos que no comprenden de manera humana el devenir de la historia. Filosofastros de panfleto y rencor.
Y nadie dice que entre los No a Keiko, confundidos entre la gente sesuda y memoriosa que asiste a las marchas y que realmente defiende los derechos humanos, se camuflan subversivos que odian al Chino Rata porque los aplastó como a perros, porque los encarceló. ¿Hasta qué punto ellos reclaman una defensa de los derechos humanos? ¿Aquellos que metieron cochebombas y asesinaron por doquier tienen la concha de pedir que se respeten ahora los derechos humanos? Falsos pensadores, marxistas de puño alzado que repiten consignas que ni siquiera entienden. Ideologías mal digeridas, mal planteadas. Filosofía falaz, mediocre. Hay que tener buen ojo histórico para reconocer qué momento es revolucionario realmente. Nadie pondría en tela de juicio que la Revolución francesa fue necesaria. Fue una imposición de la historia. Cuando se trata de forzar un plan ideológico en una circunstancia que no se amolda, allí viene el desastre gratuito. La destrucción inservible. Ay, qué tanto tiene que ver la influencia internacional de organismos que ni siquiera saben qué mierda pasó aquí y creen que Sendero era una especie de guerrilla castrista o grupo radical, solamente radical.
La política es complicada, al igual que la guerra. Rechazo a Humala y rechazo a Keiko. No me compro el consuelito del mal menor.
Por algo me habrá tocado comenzar mi vida periodística en esta circunstancia terrible. Hay que luchar. No hay que dejarse pisotear de nuevo. No queremos otro Velasco, ni otro Chávez. No queremos de nuevo a Alberto Fujimori.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada