
Luego de dos años sustanciosos, he vuelto a sumergirme en un nuevo proceso de publicación. En realidad, este proceso comenzó en setiembre de 2010, cuando decidí pasarle un ejemplar de Lima Sur a mi buen amigo Mariano, mi principal aliado en cada libro. Cuando acabó de leer la primera versión de mi nueva novela, fuimos a un bar de Surco Viejo y allí revisamos página a página mi nuevo monstruo literario. Tras aquella revisión, caminamos por las callejuelas y pasamos junto a la fachada del colegio Jorge Chávez, donde estudió Maria Elena Moyano, uno de los personajes de mi historia.
Luego, en noviembre, cuando ya tenía lista la segunda versión de Lima Sur, se la envié a Estruendomudo. Hace más o menos mes y medio me reuní con Álvaro Lasso y, de a pocos, fuimos llegando a un acuerdo. Ahora me encuentro a punto de firmar el contrato y comenzar con el proceso de edición. Ya han pasado las épocas en que escribía cada detalle del proceso de publicación. Tal vez lo hice así con Lima Norte por el cariz novedoso de esa experiencia. Pero, ahora, con un libro a cuestas, el ciclo vital de la publicación ya es puta conocida y no me causa tanta impresión. Como me dijo una vez Balo Sánchez León, la literatura tiene etapas. Una es la escritura, otra es la correción, otra es la tortuosa publicación.
Cuando de literatura se trata, hay que ser paciente como las arañas, como escribió Bukowski, sea cual sea el paso en el que nos hallemos.
Estoy embarazado y muy pronto daré a luz a Lima Sur.
Hace unos meses, me enteré de que hay una revista con el nombre de mi nueva novela. Agréguenla en Facebook. Que sirva como prolegómeno para este nuevo alumbramiento.
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