Esta segunda espera refresca el magma laboral y estudiantil que recalienta mis horas. Mi nuevo itinerario es continuo, pues el sueño es apenas un trance que consiste en cerrar y abrir la mirada. ¡Hace tanto que el cansancio ha anulado las sesiones insomnes! Adorno mis breves lapsos de solaz con lectura literaria, así sean unas cuantas páginas: El gran desierto de James Ellroy, ese perro viejo tan intenso, tan cruento. Hace tanto que no termino de leer un libro, hace tanto que no me siento a novelar. Confío en que, cuando culmine este ciclo de borrasca académica, retorne el sigilo de mi fuero interno para volver a construir columnas de frases sobre los cimientos de mi pasión refrigerada en el hoy plagado de graznidos terrenales.
Esta segunda espera dará un paso más este viernes, día en que firmaré el contrato de mi nueva novela y el velero Lima Sur zarpará sobre el océano de la corrección, la diagramación y la impresión. Anclaré en un mes en algún local con cerveza para efectuar la presentación. Cuando se acerque la fecha de la llegada al puerto final, arreciarán avisos por doquier, los cuales promocionarán este segundo alumbramiento. Caeré pesado, pero no hay otra forma de que la literatura salga a la luz y deje sus rincones lóbregos donde, paradójicamente, el cerebro y el corazón resplandecen de recuerdos, sangre y fábula.
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