viernes, 15 de julio de 2011

Mi método de vida




Ayer escudriñé más de lo debido mi ópera prima. Tanto así que caer en cuenta de sus abundantes falencias me amargó la madrugada. Una que otra errata, problemas con los diálogos, muchos adjetivos en ciertos tramos. Mis reparos giraban en torno al estilo, el cual, creo, he ido mejorando de a pocos. El estilo. Ese es el reto para un fabulador. El cómo contar la historia es la batalla que sigo librando. El uso de las palabras, el tamaño de las oraciones, la cantidad de líneas dedicada a determinada acción o cavilación. El yo que escribió Lima Norte era un joven universitario que le robaba tiempo al estudio y la juerga para abocarse al trabajo de la creación. Un yo de veintidós años tan inexperto con las palabras, imbuido de vehemencia, enfermo por alcanzar la grandeza como artista. Un yo carente de estrategias literarias; un yo pomposo, irreflexivo, ansioso por terminar lo antes posible su novelita. Pecado mortal el apuro. Sigo siendo ansioso, pero cada vez menos.


Lima Sur la escribí a los veinticinco años, entre marzo y octubre de 2010. Soy un yo todavía joven e inexperto, pero he aprendido muchas lecciones literarias que he tomado en cuenta para mi nuevo libro. Sé que aparecerán otros errores, los cuales me desvelarán, me amargarán y me harán sentir el peor novelista del mundo. Sé que leeré mi nueva publicación cada noche, con ojo obsesivo, urgido de encontrar errores que me avinagren el silencio.


Ese es mi oscuro método de vida.

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