Se dice que, en la literatura, uno puede estar feliz, pero nunca safisfecho. Eso es verdad. Aunque, lo que yo siento ahora no es felicidad, sino tranquilidad. Tranquilidad de haber alcanzando la segunda etapa de mi juvenil Trilogía de Lima. Aparte de la aparición del mismo verbo en dos oraciones consecutivas y de una palabrita fallida que se me(nos) escapó, Lima Sur ha quedado bastante bien y por eso estoy tranquilo. Agradezco a Estruendomudo por la eficiencia y el cumplimiento en las fechas. Ahora debo derrumbar mi tendencia a releer con tenacidad y ojo aterrado mis obras ya publicadas. Llevaré el libro por doquier y le haré justicia a mi esfuerzo. Debo superar esa tara de buscar errores en mis novelas para atormentarme. Está mal que el peor enemigo de mis creaciones sea yo mismo. La novela ya salió y que pase lo que tenga que pasar.
A seguir escribiendo. Esta aventura mía en el arte de la palabra recién está comenzando, por más que tenga dos novelas publicadas. No estoy satisfecho. Nunca lo estaré.
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