viernes, 29 de julio de 2011

Retrato interior



1. Nunca he subido a un avión. Guayaquil es el destino más lejano en el que he estado. Y solo permanecí una veintena de horas. Cuando era alumno universitario( la primera vez), jamás me fui a trabajar a Estados Unidos. Muchos iban a trabajar, pero yo me quedaba, siempre me quedaba. Y me gustaba hacerlo. Quedarme en Lima para conocerla mejor.´


2. Cuando las personas acaban su carrera universitaria y poseen recursos, quieren emigrar. Un buen puñado de conocidos míos quieren hacerlo o ya lo han hecho. Postulan a becas para post grado y enrumban al denominado Primer Mundo, sea Europa o Estados Unidos. Parece ser ya un lugar común en los egresados. Tener tu post grado en el extranjero por medio de una beca. Me han contado que, en las becas, se le otorga al estudiante una cantidad de dinero suficiente para vivir bien. Es decir, la vida de estudiante se prolonga, continúa entre algodones y rutinas amables, de espaldas al vértigo del mundo, ese que yo quiero conocer. Quiero que el mundo me maree con sus movimientos frenéticos. Quiero vivir así. Viviendo de verdad.


3. Sopeso tipos de vida y veo la diferencia. Hubiera podido seguir el mismo derrotero y pugnar por conseguir una beca o semibeca para ir al extranjero. Si no hubiera invertido dinero en mis publicaciones y en el ciclo que pasó, tendría una suma considerable. Es decir, sería un negocio redondo. Incluso si hubiera estudiado una maestría en la universidad a la que le estoy entregando casi una década de mi vida, mi condición de asistente de docencia me otorgaba el derecho a un descuento y a la mantención de mi puesto laboral. Esas dos posibilidades antes mencionadas eran mucho más cómodas a nivel económico. Solo en ese nivel. Y yo no estoy dispuesto a vivir a merced del dinero. Tal vez mi vida familiar me permita expresarme con ese desparpajo de ribetes casi adolescentes, pero lo siento así.


4. Sé que pocos invertirían dinero para publicaciones. El mundo prefiere comprarse televisores, nuevos celulares, artefactos. Prefieren atiborrar sus bibliotecas, comprarle cositas bonitas a su pareja de turno, irse de viaje, siempre irse de viaje. Prefieren invertir en el mundo de los sentidos para saciar su voluntad de poder. Pero yo estoy en la otra orilla. Yo solo quiero construir una vida de creatividad y experiencias importantes. Quiero un línea de vida que me lleve por mil vericuetos. No quiero tener una fórmula consabida: posgrado en el extranjero, volver para ser docente principal y morirse. Morirse. Antes de eso, quiero penetrar en el mundo del crimen, visitar los recovecos urbanos que nadie visita, conocer a distintos tipos de personas. Oler la sangre.


5. El dinero va y viene, se va y regresa. Se pierde, se recupera. Pero una necesidad interior no se puede postergar. Si no cumplo mis deseos, estos se irán pudriendo dentro de mí y producirán la más áspera infelicidad. Prefiero el gasto salvaje a una mueca amarga y perentoria estampada en la cara de mi desgracia.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada