Nunca me ha importado la tecnología. Me bastaba con leer, escribir y tocar mis instrumentos acústicos. Las pocas veces en que la tecnología me ha encandilado la música estuvo involucrada. Cuando niño, siempre quedaba deslumbrado con los órganos electrónicos que se exhibían en Hiraoka. Los prendía y tocaba con el corazón acelerado. Más adelante, a los dieciocho, cuando empecé a grabar canciones en casa de mi amigo Arturo, quedé tan impresionado con los programas de grabación, mezcla y masterización que instalé algunos en mi computadora. El problema era que mi máquina era una obsoleta Pentium 1 que no aguantaba ni el programa menos pesado de producción musical. Pero quedaron revoloteando nombres. Cubase, Sound Forge, Fruity Loops. Meses después, llevé un cursillo de grabación y mezcla en Orson Wells. No entendí un carajo. Había nociones de física de por medio, cables por todos lados, programas, botones. Me asusté y me aburrí. Desengañado, admití una vez más que lo mío era tocar música, pero no grabarla.
Luego de eso, todo fue literatura. Me reconcentré en el mundo escrito y me blindé ante la tecnología. El verdadero conocimiento de uno mismo se suscita en silencio, alejado de las maquinarias deshumanizantes cuando se adueñan de nuestra voluntad. Eso pensaba entonces y lo sigo pensando.
Sin embargo, ahora que me encuentro inmerso en el mundo comunicacional, me veo obligado a saber de tecnología. Admito que no me entusiasma en lo absoluto, pues me parece un mundo frío, tan alejado de la calidez que pretendo rociarle a mi vida mental, pero no hay salida. Si quiero ser periodista, debo aprender a utilizar de manera aceptable las herramientas que ofrece la tecnología.
Con más resignación que entusiasmo, tal vez con soterrada expectativa y miedo latente, he creado mi cuenta de Twitter( @Gioanticona). Asismimo, he leído en Wikipedia qué significan términos como wiki, streaming y postcad. Soy nuevo en esto, un completo ignorante, y con esa certeza trataré de abrirme paso en este intimidante ámbito donde la sensibilidad y el ojo crítico no interesan. Importa la eficiencia material, la rapidez mental, el acopio de datos precisos.
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