martes, 2 de agosto de 2011

Ficción personal de la nueva Lima




Me es muy complicado hacer ficción de la nueva Lima. En primer lugar, lo es porque nunca he vivido ni trabajado en Lima Norte, Lima Sur o Lima Este. En segundor lugar, lo es porque no hay un corpus literario asentado sobre el tema y, por ende, no hay modelos. En verdad, hay algunas pinceladas. Solo algunas. Una novela donde aparece Comas es Carretera al purgatorio de Zein Zorrilla, por ejemplo. Alonso Cueto, en El susurro de la mujer ballena, sitúa la empresa de la protagonista en Los Olivos. Empero, creo que soy el primero en abocarse de manera directa en el tema. Al menos en mi pequeño mundo. O es lo que quiero creer.


Crear ficción sobre un espacio real trae complicaciones, debido a que el lector ingresa a tu libro con expectativa. Quiere realismo en su grado más intenso. Quiere oír hablar a los nuevos limeños. Pero mi intención nunca fue cartografiar la zona como si se tratara de un científico social o un cronista. Y claro que tengo mucho de cronista, pero mi intención no es sociológica, sino literaria. El nacimiento de cada una de estas novelas es netamente emocional, surge de una necesidad rotunda que se apodera de mi voluntad. Quiero entender mi ciudad y sus nuevos rostros para entenderme mejor a mí. Quiero averiguar qué me une y qué me desliga de los limeños que habitan en los antes llamados Conos. Por ello, al carecer de posibilidades reales de conocerlos a fondo, no me queda más remedio que peinar sus zonas, adentrarme en sus discotecas y centros comerciales, orbitar en micros y combis, tratar de contactarme de alguien de por ahí. En Lima Norte tuve a Pilar como guía( una sola tarde muy productiva), pero en Lima Sur no tuve a nadie y, hasta el momento, no tengo a nadie en Lima Este. Pero yo no quiero visitar escenarios con ojo de sociólogo o antropólogo. Quiero recorrer la ciudad como un hombre común y corriente que, al verse imposibilitado de conocer a los nuevos limeños, debe recurrir a la imaginación, procurando, eso sí, cumplir con las dosis necesarias de verosimilitud. Pero todo escritor comete errores en esa pugna y yo los cometo a menudo.


Aparte de aprender a domar el lenguaje, mi lucha literaria avanza en pertinaces intentos por entender a ese otro que tiene mucho de mí. Y tal vez de ti.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada