
Soy un hombre que se siente incómodo bajo el manto de la luz pública. Me gusta ser invisible, inasible, escurridizo. Por ello, procuro manterme al margen del círculo literario nacional. No busco pertenecer a un colectivo que se dedique a orbitar por las ciudades, protagonizando eventos que confieran visibilidad al trabajo literario. Si bien he asistido a los contados eventos a los que me han invitado y estoy presto a perseverar para que mis novelitas puedan captar más lectores, no me agrada mucho la idea de exhibirme. Prefiero estar fuera del círculo y pilotear el camino de mis libros desde Internet. Huyo lo más que puedo de la bullanga editorial. Aunque es inevitable hacerlo totalmente.
La ventaja de la narrativa es que no está vinculada férreamente a ningún tipo de exhibición pública, salvo las presentaciones. La poesía, en cambio, tiene en los recitales un rotundo aliado de promoción y visibilidad.
Es linda la narrativa por su cariz de ausencia. El autor, en carne y hueso, no estará. No lo verás, no lo olerás. Pero tienes su corazón en sus páginas más ardientes.
Puedes tocarle el alma sin jamás tenerlo al frente.
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