martes, 30 de agosto de 2011

La voz del narrador

En el siglo XIX, las novelas contenían, a menudo, pasajes en los que la voz del narrador intervenía con juicios, recuentos y advertencias. Este recurso es muy notorio en Los hermanos Karamazov, donde la voz narradora aparece en primera persona. Desde la óptica contemporánea, luego de la aparición de trabajos famosos como "La muerte del autor" de Roland Barthes, este rasgo tan decimonónico es considerado un anacronismo, incluso un defecto. Según Barthes, el creador de un producto artístico ya no puede intervenir en él una vez que el material ha salido a la luz. Por lo tanto, siguiendo esa directriz, la voz narradora- de ribetes autoriales- carece de autoridad y su presencia es inútil. Se ha trocado en insustancial.

Este recurso de la voz autorial aparece con desparpajo y extensión en La montaña mágica de Thomas Mann, novela del siglo XX que he comenzado a leer y que, debido a su titánico tamaño y mi farragoso horario, difícilmente termine pronto.

Llama la atención que Gustave Flaubert, quien prescindió de la voz narradora y optó por un estilo "invisible", sentó las bases de la estética del siglo XX para narradores como Mario Vargas Llosa.

Si bien debo dejar el tema en el tintero, sería bueno que pensemos sobre ello todos los que estamos involucrados en la literatura, sea como autores o lectores machos, como diría Julio Cortázar.

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