sábado, 13 de agosto de 2011

Libros

Se desprenden de mi memoria algunos títulos indelebles. Pienso en El ruido y la furia y en que Caddy olía como las hojas, como los árboles. Pienso en Luz de agosto y penetro en el dolor de Lena, en su avance signado por el embarazo. Pienso en el hermoso final de Sartoris, que sé de memoria: " Y la noche, madre adoptiva de la quietud y de la paz, era un calmoso sueño de color violeta". Hermoso. Pienso en William Faulkner, autor de esas novelas resplandecientes que forman parte de los tesoros de mi memoria.

Pienso en el final de Juntacadáveres, en los juegos metaficcionales de La vida breve, en la punzante belleza de las descripciones de El astillero, en el incendio final de Dejemos hablar al viento, en la hermosura cabal de Los adioses. Pienso en Juan Carlos Onetti, el mago que creó todas esas maravillas.

Pienso en Madame Bovary, en Rojo y negro, en Crimen y castigo.

¿Qué otros libros maravillosos me llegarán al corazón en los próximos años?

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