
1. Vengo de una carrera de lectores introvertidos. De gente sesuda, de buen verbo y sensibilidad que conectaba con la mía. Los gustos diferían, pero la sabia coincidencia era el amor por la palabra. Entre ellos escalé mi camino a la adultez. Éramos siempre ese elemento extraño en los grupos juveniles de múltiples carreras. Entre la recua de estudiantes de Derecho, rutilábamos por nuestro perfil alejado del mundo del dinero. Éramos valorados por la exquisitez de nuestra opción: prescindir de los bienes extrínsecos y refocilarnos en nuestro fuero interno, en nuestro palacio de soledad. Eso nos unía, por más conflictos que tuviéramos de cuando en cuando. Éramos compañeros del espíritu.
Soy un animal de Humanidades. Lo seré siempre.
2. Este 2011 me aventuré a penetrar en el pregrado de Comunicaciones para cumplir el sueño periodístico, ese que apachurré con ardor durante mi niñez, siempre esgrimiendo mi grabadora de mano para entrevistar a todos y captar los ruidos del mundo. El pregrado de Periodismo me atrajo por su cariz iniciático, de enseñanza de oficio, y también por la gente: jóvenes menores que yo, inocentes en muchos aspectos, ávidos de juerga, mundo que cada vez me despierta menos entusiasmo. Ellos serían un espejo a través del tiempo para contemplarme en el pasado y caer en cuenta de los logros y escepticismos cosechados. Pero es difícil ese retorno al pregrado, sobre todo en Comunicaciones, donde el habla y el movimiento son esencias inapelables. Es tortuoso armar torres de palitos en grupo. Es absurdo que me tomen ejercicios de puntuación cuando yo enseño cursos de redacción desde el año 2008. Es difícil aguantar la inocencia ajena, la bullanga, los sueños literarios de tantos chicos ilusionados con el más profundo de los quehaceres, el fárrago de las laptops y sus miles de colores irritantes.
Me parece que mi perfil de estudiante de Literatura no se va de mí y no se irá jamás. Ese es el punto.
Asistiré a mis clases, claro que sí, y haré todo lo necesario para aprobar los cursos y erigirme como bachiller en Periodismo, pero tendré siempre la mente enferma de fantasía y camuflaré libros bajo la carpeta mientras espero que llegue el profesor y que culmine el descanso. Mi mundo está en la realidad, pero también en los libros. Miro la realidad a través de la literatura. Es como una deliciosa maldición de la que no quiero liberarme. El periodismo es literatura. La vida es literatura.
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