
Ayer, Beto Ortiz entrevistó a Rafael Rey en Buenos días, Perú. Siempre polémico e impetuoso, Rey expresó ideas interesantes. Afirmó estar harto de que haya una persecución contra militares y policías que nos defendieron durante la época del terror. Sustentó su postura aseverando que la prensa caviar colorada tiende a defender los derechos de los terroristas, mas no de los militares y policías. En parte tiene razón. Si bien es correcto que se juzgue a los militares y policías por casos de violación de los derechos humanos, esta fijación no debería ser tan monocorde. ¿Por qué solo poner el ojo sobre el Ejército y la Policía?
En la prensa, abundan simpatizantes del oxidado sueño de la lucha armada, ese bodrio ideológico que encandila a mentes limitadas y que borra el sentido común para dar lugar a consignas fundamentalistas que vulneran las libertades y escarnecen la vida humana. Por ello, no hay un mismo tratamiento a los dos bandos, por decirlo de una manera.
Venganzas políticas, lucha de intereses: de esas sustancias está compuesta la vida social. ¿De qué manera evito que se fijen en mis manos manchadas de sangre? Cometiendo la falacia de enfatizar la responsabilidad del otro bando. Parece que el objetivo es resaltar los crímenes ajenos para tapar los propios.
Este asunto mal llamado violencia política continúa, tal vez camuflado en nuevos lenguajes más suaves, pero potencialmente igual de asesinos.
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