
Pasé poco más de una hora escribiendo la novela por la mañana. Ya voy en 103 páginas. Bueno, 93 completas y 10 esbozadas o incompletas, pero 103 al fin y al cabo. Hay ciertos eventos que me parecen medio forzados, pero no hay que olvidar que la novela negra es un mundo de guiños precisos que son parte de su tradición, así que no creo que haya problema en eso. El error de muchos lectores quisquillosos es escandalizarse cada vez que se topan con un cliché, que es en realidad el sello del género. Seguir una fórmula no está mal. Lo que estaría mal sería seguirla de manera que se note rígida y sin gracia. Pero el uso en sí no creo que sea condenable.
Debido a esta postura de condenar el estereotipo en cualquier circunstancia, los best sellers son mal vistos por los eruditos de culos adormecidos. El autor de un best seller es, en primer lugar, un tipo que conoce bien su oficio, pues sabe escribir de tal forma que se reconozca un sello de estilo. Si nos quedamos en la originalidad extrema, aislada, no hay cómo juzgar a ese producto, más allá de aspectos comunicativos y referenciales. El autor de género lleva el reto de seguir pautas precisas con su historia nueva, original. Los sellos del género deben notarse. La fluidez narrativa debe aparecer de todas maneras. En ese sentido, el supuesto cliché o estereotipo pasa a ser parte del estilo de ese género. En fin, esta es mi opinión. La cosa es que estoy escribiendo una novelilla negra, así que estoy haciendo uso de esta certeza. Aunque, pensándolo bien, cuando uno está tan metido en su historia, ¿acaso se pone a pensar en esos aspectos paridos de la crítica inmóvil?
Durante la tarde, consagré un par de horas a leer La reina en el palacio de las corrientes de aire, último tomo de la trilogía Millennium. Gocé como un cerdo. Me dejé llevar por la prosa y me embutí cerca de 150 páginas de emoción apasionante. En lo leído, me topé con un tipo reprimido que le mandaba anónimos a su jefa, a quien admiraba de manera retorcida y que, coincidentemente ,había sido la alumna estrella de su colegio y de quién había estado siempre obsesionado. ¿Cliché? Luego, se descubre que el sujeto tenía fotos de la mujer en su casa... ¿Cliché? Y ni hablar de la heroína de la historia, Lisbeth Salander, de quien estoy profundamente enamorado. Ella es capaz de meterse a cualquier computadora, de sobrevivir a un balazo en el cráneo( debido a que, oh sorpresa, la pistola con la que le apuntaron era calibre 22) y de someter a dos grandullones con su agilidad y una pistola eléctrica, pese a ser una muchachita esquelética. Y así podría seguir. Puede sonar a cliché todo ello. ¿Y solo por eso ya sería una obra de segundo orden, algo "popular" o "masivo"? Siempre he reprobado a quienes separan a la literatura en dos: cultura de masas y élite. Los libros de género no son inferiores a los textos "artísticos". Cada uno de estos lóbulos literarios tiene su encanto.
Defendamos al cliché siempre y cuando no peque de demasiado artificial. ¿Por qué la palabra "estereotipo" está prohibida en el mundo del arte? ¿Por qué no aceptarl un lindo cliché si su inclusión está justificada por la trama?
Piensen lo que quieran, pero una saga como Millennium me ha hecho replantear muchas ideas-sentencias recolectadas de mis años como estudiante literario.
¿Cómo no amar a un libro que ocasiona que me olvide del tiempo y me sumerja con tanta profundidad en su historia de sangre y periodismo?