Es raro publicar. Que tu libro pase de mano en mano, que llegue a diversos distritos, que hasta llegue a Madrid como un hecho absurdo que te induce a una inefable sonrisa de hiena. Que a algunos les guste, a otros no tanto, que te quieran y te envidien. Y luego ver que tu libro es comentado en los periódicos, en la radio. Las invitaciones a eventos, los nuevos contactos, la inmersión en el mundillo. Todo ese menjunje es parte de la publicación, pero la esencia permanece.
Desde adolescente solía visitar un distrito nuevo cada semana. Lo hacía con mis compinches del colegio, sedientos de ron y tacto femenino. Rímac, Surco, Barranco, Miraflores, Lince, Pueblo Libre, Magdalena, San Isidro. Y regresar a Jesús María con los sentidos atrofiados por el licor y la caminata.
A los once años, comenzó la locura de llevar la grabadora a todos lados. Entrevistaba a mis familiares, grababa el ruido de la ciudad, la voz del mar, la caída de mis orines al wáter, mi masticación, el ronquido de mis padres. El mundo en una grabadora. Recuerdo que en Chan Chan sobé la tierra con mi grabadora para que quedara en audio la esencia del lugar. Espiaba el sueño de mi abuela con mi grabadora, me escondía bajo su cama y grababa su respiración.
Más pequeño, mis infaltables cuadernos de dibujo. Cada día plasmaba en dibujos las vivencias acontecidas en casa. Recuerdo que, cuando volví de Jauja, dibujé en muchas hojas los paisajes, las escenas.
Apenas aprendí a caminar, cogía las crayolas y garabateaba las paredes de la casa.
Siempre quise expresarme. Toda la vida.
Con música, dibujos, grabaciones, escritos.
Tal vez haya optado por la escritura como la actividad principal porque me permite crear un mundo con menos recursos. Por ello, me parece más difícil y mágico. Emocionar con las palabras. Crear una historia nueva. Estremecer, entretener, crear goce. Primero a mí mismo y luego a los lectores.
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Siempre me tuve fe en la escritura. Si bien mucha gente me sacaba en cara mis defectos de estilo- uso excesivo de adjetivos, malos diálogos-, yo perseveraba en mi lucha con las palabras. Lo sigo haciendo, día a día, a cada momento. No puedo dejar de escribir; sigo aprendiendo; me equivoco para aprender.
Recuerdo la determinación con la que decidí salir de inédito. Juntar plata y remover el mundillo editorial. Moverme por todos lados para posicionar una novelita de la que me sentía orgulloso por la pasión con que la escribí. Tenía fe. Y, tengo que admitirlo al fin, no me equivoqué. Creo que soy de esos autores que, pese a sus defectos, se leen sin problemas y no aburren. He caído en cuenta de que mis historias pegan. He notado que mis historias interesan a diversos públicos. Por ello estoy feliz. Comparto esa certeza con ustedes, fieles lectores, porque quiénes mejores que ustedes para celebrar conmigo esta pequeña victoria, tal vez imperceptible para el mundo.
Hace unos meses, conversaba con mi amigo Mariano. Él me dijo que le hubiera gustado vivir mi situación.
- Algunos autores ganan presencia por un premio ganado o por la editorial con la que sacaron el libro, como yo, pero tu novela se ha hecho conocida de la nada.
Es verdad. Mariano tiene razón. El libro salió con una editorial que jamás me apoyó, que trabajó pésimo y me maltrató con sus incumplimientos. Aparte, yo jamás he ganado un concurso literario y tal vez nunca gane uno. Sin lauros y sin una editorial que respalde, ¿qué me esperaba?. Por ello, cuando la novela salió, la creí destinada al silencio. Además, la edición fue pésima. Si les contara con qué negligencia se editó el libro se reirían de mi desgracia. Pero no importó. Sin lauros, sin editorial de apoyo, con una pésima edición y diagramación el libro triunfó. Triunfó, carajo. Con todo en contra. Sin conocidos en el mundo literario. Sin conocer a un solo reseñista. Sin ser amigo de escritores influyentes. Triunfé. Es el mayor logro de mi perra vida.
Ahora tengo nuevas certezas. Pese a que aún me falta afianzarme en el oficio, sé que mi pluma es capaz de emocionar, atrapar. Avanzo tranquilo.
Será por algo que no me interesa ganar el respeto del lector ni de nadie. Quiero ganar corazones.