jueves 31 de marzo de 2011

El otoño ya nos envuelve con gélidas tufaradas. Es la niebla que ha retornado: son las bocanadas de Dios que nos cubren como una túnica fantasmal, bordeando la piel áspera de la nostalgia. Hay una sustancia gris que se inyecta en nuestros ánimos; es el acto de desempolvar abrigos cuando el firmamento se deja encapotar por el manto de la fría oscuridad. Y las calles se me antojan neblinosos recuerdos de un sueño desdibujado por el tiempo y la ordinariez de la rutina. Lima retorna a su grisura, a su alma depresiva, idónea para el derrame de agujas de versos sobre el silencio que se filtra en nuestras errancias de cemento, verdor y tierra antigua.

Se inicia un tiempo de desamparo.

miércoles 30 de marzo de 2011

Visita a Palacio


Ayer visité el Palacio de Gobierno. Acudí al recinto con la gente del curso Fuentes y Estructura del Estado, bajo el mando de Santiago Pedraglio. La coordinadora de Secretaría de Prensa y el fotógrafo principal nos hablaron acerca de los mecanismos utilizados en el área de prensa de Palacio. En una laptop, nos mostraron la página del Poder Ejecutivo y algunas fotos en Twitpic. Los estudiantes formulamos preguntas continuamente, azuzados por Pedraglio, quien nos piloteaba desde un lado. Armados con nuestras libretas, apuntábamos presurosamente, con vértigo. Yo, además, apunté rápidas descripciones de los personajes que nos hablaban y del ambiente.

Luego de la charla, vimos el cambio de guardia de los húsares de Junín.

Retorné a la universidad en taxi junto a tres compañeros de Periodismo. Ya he comenzado a trabar amistad con algunos.

Siento que, semana a semana, me voy convirtiendo en otra persona. En alguien más suelto de huesos, más curioso, más dinámico, más pragmático, menos crítico con mi entorno.

En un periodista.

domingo 27 de marzo de 2011

EL MUNDO DE HOY de Kapuscinski


Algunas frases importantes del gran periodista e historiador polaco:



"No hago diferencia entre el periodista, escritor y reportero. En mi caso las tres cosas se funden en una sola".


"Percibo mi trabajo como una vocación, como una misión".


"¿Por qué me hice escritor? ¿Por qué tantas veces me jugué la vida, asomándome a los dominios de la muerte?".


"El viaje del reportero excluye todo aquello que caracteriza a la excursión turística".


"No viajo con más compañía que la de mis pensamientos".


"Parto de viaje con un bloc de notas, un bolígrafo, una cámara de fotos y un mínimo de ropa. El reportero nunca deja su equipaje en un sitio porque siempre tiene que ir hacia adelante".


"El periodismo, en mi opinión, se cuenta entre las profesiones más gregarias que existen, porque sin los otros no podemos hacer nada. Sin la ayuda, sin la participación, opinión y el pensamiento de los otros, no existimos".


"La literatura absoluta no existe: nunca se logra describir algo con toda la plenitud y perfección. A lo que más a que podemos aspirar es a la mayor aproximación posible, un proceso que jamás se verá coronado por un éxito total".

sábado 26 de marzo de 2011

Los sofistas


No tengo miedo de dar mis opiniones. Considero a los gorreros- choros como seres vulgares que tratan de aplastar al prójimo y aprovecharse de él. Pienso que esa clase de gente no dejará nada valioso al mundo. Solo quieren poder, prestigio. Revolotean en el mundo de las opiniones. Importa más el parecer que el ser. De esa clase de gente está llena nuestra política.

En el mundo letrado, abundan los sofistas: expertos en florear a medio mundo con términos altisonantes, con ínfulas eruditas. Paporreteros de cafetín y cantina, gente de coloquio, simposio y charla vana. No me interesa el discurso; me interesan los hechos, las obras. Me importa la producción, no el comentario ni el intento ni la duda. La charlatanería abunda en las humanidades. ¿Se consigue algo hablando de las lecturas realizadas? ¿ Hacia dónde nos lleva esa rutina decorativa, carente de emoción, esa rutina autosuficiente de palabritas y tonitos de voz que me irritan? Sofistas y más sofistas veo por doquier. Todos hablan y hablan. Pocos producen.


Me rebelo contra la gente que se nos acerca para obtener algo de nosotros. Qué horrible es ese aspecto de la vida. La criollada, esa tara que linda con lo delincuencial. Abunda la gente gorrera, que te picotea monedas, billetes, y jamás piensa pagarte. No soporto a esa clase de pendejitos. Quedar bien con todos no es mi estilo. Busco sinceridad, espontaneidad, no cálculo ni arreglos ni diplomacias mediocres.


Una vez más, me rebelo contra los sofistas de hoy.

Leer entre líneas

No sé leer entre líneas. Necesito mejorar en la agudeza y la rapidez cuando leo. Debo aprender a olisquear sentidos ocultos en las frases. Me di cuenta de eso al leer el artículo "La enfermedad de los precios" de Uceda. Creo que el mundo de la ficción me ha acostumbrado a la lectura placentera que prescinde de la acuciosidad y se regodea en la frase, en la descripción, en el carácter evocador. Ahora estoy en la otra orilla y debo ser exacto, certero, agudo.

Técnicas de investigación de Daniel Santoro

Valioso libro. Daniel Santoro, conocido periodista rioplatense, presenta en su libro Técnicas de investigación todos los pasos que están incluidos en una pesquisa periodística. Valiéndose de una prosa amena, altamente narrativa, el autor explica cómo encontrar el tema -"la cola de la rata"-, cómo organizar la información, cómo iniciar la cacería, de qué manera se cruzan los datos y se sigue la ruta del dinero, el uso de Internet, cómo preservar la seguridad y cómo hacer atractiva una nota de investigación. Este libro, una suerte de manual narrado, brinda estrategias precisas, acompañadas de ejemplos claros y testimonios de Santoro.
Técnicas de investigación es un texto que alienta a todo aprendiz de periodista a olfatear casos, a sospechar de todos, a jamás descansar en la observación de la realidad.

jueves 24 de marzo de 2011

Aprendiz de sabueso


Jodido. Así me siento cuando quiero estudiar mis cursos periodísticos y tengo que usar el tiempo para la docencia. Llevar esta doble vida me está enloqueciendo. Creo que debo comprarme una agenda para no olvidarme de ninguna actividad.

Como estudiante de periodismo voy aprendiendo a paso lento. Recién van dos semanas. Ya tengo una idea de cómo funcionan algunas instituciones del Estado. Sé que debo aprender a leer entrelíneas y de manera rápida. Sé qué tipos de planos existen. Sé que hay información off the record que se debe utilizar de manera cuidadosa. Ahora sé que cuando afirmo algo debo estar totalmente seguro de que es verdad. Porque el periodismo es la búsqueda desinteresada de la verdad. Y uno debe buscar la mejor versión posible de la verdad( así lo dijo Pedraglio). Si se comete un error, se da cuenta del equívoco lo más pronto posible. En el mundo, en el país, existen intereses. No es malo que existan intereses. Sé más que nunca que las empresas arreglan por lo bajo y enturbian las licitaciones. Sé que el mercado de la salud es uno de los más grandes negocios del orbe.

Sé que para iniciar una investigación periodística hay que encontrar "la cola de la rata", como bien dice el sabueso argentino Daniel Santoro. Por ello, el finado Tomás Eloy Martínez escribió: " La investigación periodística tiene las mismas exigencias que la resolución de un enigma policial".

Hay que cruzar datos, buscar documentos públicos, usar el internet, seguir las rutas del dinero. Suena emocionante, ¿no? Por eso me gusta tanto el periodismo, carajo. Ahora sé que hay dos bandos en constante pugna: académicos vs. periodistas. El académico se toma su tiempo para pensar todo. El periodista trabaja contra el tiempo y trabaja lo mejor que puede. Yo soy académico y estoy comenzando a ser periodista. Tengo doble identidad. Lo que digo no es mi opinión. Esa división existe, puesto que, por más que el periodismo ahora se enseñe en las universidades, no es una carrera académica. No lo es, carajo. Qué bueno que no lo sea. Mientras el académico parlotea sobre qué es escribir, el periodista escribe y escribe y escribe. Todo los días. El periodista es un escritor. Y no empiecen con esas mariconadas de la subliteratura y la prosa y esas huevadas. No hay tiempo para teorizar. La vida se nos va de las manos. Hay que atrapar al vuelo la noticia y escribirla. A lo mejor, la historia es tan buena y la hemos escrito con tal vértigo que puede que se parezca a la buena literatura.

***

Sé que hay derecho a la intimidad, que hay que "patear la calle" y que existe una enfermedad llamada "el mal del escritorio". Poco a poco, voy sanando de ella. Hay tanto por investigar, amigos. Tanto por averiguar. Por algo Santoro afirma que no hay crimen perfecto.

Ahora debo apagar esto y seguir con mi rutina. Hasta pronto.

Historia de otoño


Siempre me ha sido difícil sobrellevar la vida en ausencia de escritura. He notado que solo puedo aguantar un par de días sin escribir. Algo de eso me ha sucedido esta semana. Debido al acopio de responsabilidades laborales y estudiantiles, no he podido sentarme a escribir en este blog ni sentarme frente a mi laptop a engrosar mis novelas. Estuve inactivo creativamente hasta ayer por la noche, momento en que comencé a escribir mi cuarta novela sin saber a dónde me llevará esa historia. Es la primera vez que comienzo a escribir sin saber de qué tratará la novela. Solo he garrapateado una página con una escena descriptiva: un hombre camina bajo la garúa- esa que nos sorprendió ayer con tenaces goterones que dieron inicio al otoño- y siente que la gente que camina en la calle es feliz, realizada. Esa sensación opera en detrimento del personaje, quien se siente agredido por la aparente felicidad del resto. Luego, se focaliza en las mujeres y las considera distantes, inasibles, superiores a él. Entonces, decide buscar meretrices en las callejas sórdidas. La secuencia terminaba así: "¿Hasta cuándo seguirá dañándolas?". Es todo lo que tengo por ahora. Eso es lo lindo de la literatura: nunca deja de sorprenderte. Dejaré que el azar y el tiempo moldeen mi nueva novela. La escribiré con calma.

Ayer, mientras trituraba el teclado con esta nueva historia, me salieron frases preciosistas, elegantoides, como si hubiera regresado al año 2007, época en que escribí la única novela que he publicado.

domingo 20 de marzo de 2011

La sangre, el polvo, la nieve de Karina Pacheco Medrano


Sin lugar a dudas, la antropóloga y escritora cusqueña Karina Pacheco Medrano fue la figura más relevante en la narrativa local durante el año 2010. Publicó La sangre, el polvo, la nieve( San Marcos), el conjunto de cuentos Alma Alga( Borrador Editores) y ganó el concurso de novela de la Universidad Federico Villarreal.

En suma, su carrera literaria ha sido constante y prolífica desde que publicó su primera novela.

Tanta esplendencia despertó mi curiosidad y compré su novela La sangre, el polvo, la nieve en la librería El Virrey de Dasso. Con mucha expectativa me aboqué a la lectura de la novela. Desde el inicio, se apoderó de mí la fuerza de la narración. Con un lirismo bien dosificado y un dinamismo propio de la buena literatura, iba construyéndose, página a página, una densa historia familiar inyectada de dolor, secretos sórdidos y personajes muy humanos.

Me gustó el tramo final de la novela. La velocidad aumentó sutilmente hasta reventar en unas escenas finales dignas de recuerdo.

En La sangre, polvo y la nueve, Karina Pacheco ha demostrado nervio narrativo, rica fabulación y una profundidad vital digna de encomio.

Trataré de leer sus otras entregas. Les recomiendo que hagan lo mismo.

sábado 19 de marzo de 2011

Reportaje al pie de la horca de Julius Fucik


Reportaje al pie de la horca es el descarnado testimonio del periodista checo Julius Fucik desde un presidio de la Gestapo. Fucik fue capturado por los nazis por pertenecer al partido comunista de su país.

El texto, escrito en hojas que un guardia le proporcionaba a escondidas, da cuenta con crudeza de la captura y la vida carcelaria del autor. Sin embargo, más allá de frases apasionadas que rezuman férreas ideas de izquierda y secuencias vertiginosas, esta obra es dispersa, atropellada y desesperada. Creo que el valor de Reportaje al pie de la horca estriba en su carácter testimonial.

Fucik fue ejecutado por los nazis el 8 de setiembre de 1943.

Cada año, se celebra en esa fecha el Día Internacional del Periodista.

jueves 17 de marzo de 2011

El Estado como fuente periodística


El Estado, vertebrado en múltiples instituciones de nombres comprimidos en siglas, es una gran fuente para el periodismo. Todos los días, el Estado brinda y oculta información. Nótese la reciente promulgación del informe del Municipio de Lima sobre la gestión edil de Luis Castañeda Lossio, uno de los candidatos con más acogida en esta campaña presidencial que se halla en sus puntos más álgidos. Casos como este aparecen todos los días en los medios de prensa. Por supuesto, la información que proporcionan los entes estatales está filtrada por los intereses. En este punto, es necesario no satanizar al Gobierno y sus satélites diversos. La lucha por los intereses, como bien dijo mi profesor Santiago Pedraglio, es una pugna natural en toda actividad humana, no solo en el manejo de la información. Por lo tanto, el juego de develamientos y ocultamientos es parte de la actividad periodística en su búsqueda de la noticia.

Un ejemplo claro de cómo el Estado sirve como fuente de información se encuentra en una crónica del célebre periodista de investigación Ricardo Uceda, llamada "La enfermedad de los precios", la cual salió publicada en la revista Poder de febrero pasado.

miércoles 16 de marzo de 2011

Lima Norte en Burdeos


No dejan de sorprenderme las improbables rutas que toman los libros. Hace unos segundos, acabo de hablar por Facebook con Ricardo Sumalavia, quien fue mi profesor de taller de narrativa en Estudios Generales Letras. Probablemente, él no me recuerde. El asunto es que me animé a hablarle en el chat del Facebook. Me contó que ya había terminado de escribir una nueva novela, la cual está corrigiendo. De refilón, le comenté que yo había publicado una novela y que me gustaría que la leyera en algún momento, lo cual es casi imposible porque él se encuentra en Burdeos, Francia.

Ricardo me preguntó cómo se llamaba mi novela.

- Lima Norte- escribí.

Segundos después, me dijo que me tenía una buena noticia: mi novela estaba en la Universidad de Burdeos. Cuando le pregunté cómo había llegado mi libraco hasta allá, me respondió que él había pedido la novela, pero que aún no había tenido tiempo de leerla, pues le llegó un lote de cien volúmenes.

Y se despidió sin más explicaciones.
Cada vez me convenzo más de que literatura está preñada de frustraciones, pero también de hermosas coincidencias. Como esta.


Otra coincidencia más: mi padre vivió en Burdeos cuando era muy joven.

lunes 14 de marzo de 2011

Kevin Carter y la muerte


En 1994, el fotógrafo sudafricano Kevin Carter ganó el premio Pulitzer con esta foto tan famosa. La imagen irradia con crudeza el rostro de la muerte. Una niña esquelética de Sudán agoniza, al tiempo que un buitre acecha por detrás, en espera de devorar el inminente cadáver. Esa fue la interpretación que se le dio en su momento. Sin embargo, tiempo después se develaron las verdaderas circunstancias: la niña estaba defecando y la zona era comúnmente visitada por buitres.
Kevin Carter se suicidó un año y pico después. En su nota de despedida, escribió que se sentía "perseguido por recuerdos vívidos de muertos, de cadáveres, rabia y dolor…”. La autoeliminación vigorizó el cariz trágico de la foto. En este punto, hay que acotar que el reportero gráfico abusaba de las drogas y era neúrótico. Por ello, no hay que pensar que el sentimiento de culpa que le causó vivir a fondo la miseria africana fue el principal impulso para acabar con su propia vida. Al final quién sabe.

Por otro lado, hubo un dato más sobre la foto que se dio a conocer al mundo: la supuesta niña era, en realidad, un niño. Kong Nyong era su nombre. Cuatro años después de tomada la foto, el cuerpo de Kong descansaba bajo tierra. Unas terribles fiebres provocaron su deceso.

Primer día


Hoy comenzó la aventura periodística. Por la mañana, tuve clase de Historia del Periodismo con Juan Gargurevich. El curso es virtual, pero tiene un puñado de sesiones presenciales. Hoy fue una de ellas. El profesor es gracioso, preciso en sus palabras y muy suelto. Habló de su esposa, hijos y nietos. La gente reía suavemente.

Usó la computadora en todo momento. Ingresó a Paideia Pucp, espacio virtual donde se encuentran los archivos del curso. Una vez allí, nos mostró el cronograma del curso y detalló el sistema de calificación. Entre los temas que rescato de su refrescante monólogo, se hallan su experiencia en Cuba frente a Fidel Castro, la importancia de la película porno Garganta profunda en el periodismo, el curso de periodismo de investigación que dicta en San Marcos y su sorprendente conocimiento del Averno y jirón Quilca. ¿Un hombre de más de setenta años en esos lugares subtes? La explicación es simple: es periodista profesional.

La clase acabó a las 10 y 15. Con pasos urgentes, salí del salón y troté hasta una computadora para ver en qué aula me tocaba mi siguiente curso, Teorías de la Comunicación, que comenzaba a las 10. Cuando vi el aula en la máquina, subí ágilmente hasta el segundo piso y avancé hasta la puerta trasera del salón. Estaba con seguro. Vi un chico ovillado en el suelo y le pregunté si llevaba ese curso. Respondió que sí.

- ¿Hará descanso?- pregunté.

- De hecho. Son tres horas de clase.

Me compré un refresco, me arrellané en una banca y me puse a leer el periódico Punto Edu. Los minutos avanzaban plúmbeos, electrizados por mi ansiedad. Pasó el tiempo. 11 de la mañana: puerta cerrada. 11 y 30: puerta cerrada. 12: 05: la puerta trasera del aula se abrió y la gente comenzó a salir, con mochilas y bolsos al hombro. Intrigado, entré al aula y me topé con un ámbito atezado, rociado de vocecillas joviales. Grupos de muchachos estaban sentados en grupos, intercambiando sus teléfonos y correos. Le pregunté a un muchacho si la clase continuaría. Sonriente, respondió que no, que ya había acabado.

- Hay que hacer grupos- me informó

Me despedí y me largué a almorzar. Hace un rato he mandado un correo electrónico a la gente de ese curso para armar un grupo. Ojalá respondan.

Dentro de dos horas y media tengo otra clase. Esta vez nada impedirá que llegue temprano.


Tareas pendientes:

Afiliarme a un seguro

Comprar el material de lecturas de Historia del Periodismo

domingo 13 de marzo de 2011

Asperezas

Mi defectuosa pluma no deja de causar estragos en la intimidad de ciertas personas. A veces, envidio el clima de candidez en que se producen y publican los libros de mis compinches, de mis coetáneos en general. Hay felicitaciones, reseñas, comentarios, pero no negras repercusiones en la realidad .
Yo siempre tengo problemas con mi literatura. Con la salida de Lima Norte, mi madre pensó que su trabajo peligraba y vetó para siempre mi ópera prima en el ámbito familiar. Además, temí que una amiga mía de Los Olivos se molestara conmigo al notar que había utilizado sus experiencias más íntimas para diseñar a la temeraria Jenny. Por suerte, creo que esta chica no ha leído la novela.
Con Lima Sur ya está pasando algo similar, aunque no estoy seguro cien por ciento de la veracidad de esta polémica. Todo se basa en turbios rumores. Hay un personaje que, probablemente, sacará chispas en el mundillo. Ya se enterarán.
Con Lima Este, las asperezas que ya estoy causando en ciertas personas me induce a pensar en la hecatombe que significará. No diré nada más. Uno debe proteger y respetar a sus fuentes. Y les juro que no estoy jugando al detective aficionado. Esto es serio. Muy serio. Confidencial y muy importante para horadar las tripas de nuestro Perú y retratar las dos caras de un conflicto inveterado.

sábado 12 de marzo de 2011

Tercera entrega

Increíble. En lo que va del año he escrito más de una página por día, en promedio, de mi tercera novela, la cual cerrará la Trilogía de Lima. Van 160 páginas a doble espacio, letra doce. Todavía falta un poco para acabar, pero ya es la más larga de mis tres entregas. Lima Norte tuvo 102 páginas a doble espacio, letra doce. Lima Sur posee 141 páginas en el mismo formato.
Aparte de ser más grande que las dos primeras, la tercera entrega es, en mi opinión, la mejor de las tres. La acción jamás descansa; las peripecias y anagnórisis abundan, tal vez en demasía. Asimismo, el estilo de la prosa no es ni muy barroco( Lima Norte) ni muy llano ( Lima Sur). Me he valido de una prosa de frases filudas, aguerridas, siempre con olor a polvora, a sangre, cemento y arena.
Pero, sobre todo, esta tercera entrega es la mejor porque he investigado a fondo para armar la trama. He arriesgado el pellejo más que nunca. Me he involucrado demasiado. Hay información valiosa, triscada de la realidad, pero maquillada por la ficción.
Veremos qué pasa con esta trilogía. Veamos todavía si sale pronto Lima Sur. Lo deseo con todas mis fuerzas.

viernes 11 de marzo de 2011

Historias de periodistas


Estoy leyendo Historias de periodistas, libro de Juan Gargurevich donde se encuentran narradas de manera sucinta las vidas laborales de dieciséis periodistas peruanos a lo largo del tiempo, desde la fundación de Lima hasta bien entrado el siglo veinte. Entre las figuras analizadas, se encuentran personajes señeros como José Carlos Mariátegui y Abraham Valdelomar.

En el prólogo de este volumen, Gargurevich hilvana algunas ideas que derrumban algunos prejuicios existentes sobre el periodismo:


El periodismo es una profesión que parece fácil porque es verdad que redactar un texto y lograr que se publique es lo más sencillo imaginable. Y es por esto que una legión de profesionales diversos sobrevuelan el periodismo y luego colocan en sus hojas de vida que practicaron el oficio.

Al final, tal como en la poesía, periodista es quien afirma serlo y nadie lo discutirá. Pero los verdaderos, aquellos que son pura vocación, forman un sector privilegiado que asume como modo de vida el muy difícil y privilegiado oficio de acercarse a los hechos, convertirlos en relatos y proponerlos a lectores, oyentes, televidentes para construir el entorno de realidad que hacen posible la convivencia, la comprensión, el conocimiento rápido, la denuncia, el reclamo de justicia.

Más adelante, en la página 113, en el inicio del capítulo sobre Abraham Valdelomar, Gargurevich afirma lo siguiente:

Escuchamos con cierta frecuencia interrogantes sobre la relación entre literatura y periodismo; y cuando hemos tenido oportunidad de expresar opinión hemos insistido: el periodismo es literatura que, pese a ser elaborada de urgencia por la rapidez que exige la noticia de hoy, puede alcanzar niveles de expresión estética que envidiaría cualquier escritor famoso.

miércoles 9 de marzo de 2011

Sí hay chamba


Ni siquiera he comenzado a estudiar Periodismo y ya Abelardo Sánchez León ha enviado a todos los alumnos periodísticos una convocatoria para un trabajo en Frecuencia Latina. Obviamente, aún no reúno los conocimientos necesarios para abocarme a ese tipo de labor, pero me anima saber que existen posibilidades.

Disculpen la grosería, pero creo que esta nueva aventura va a estar de la puta madre.

Alumno virtual


Pronto se abrirán las puertas de la nueva aventura. Antes de ello, a modo de antesala, debo asistir a una capacitación informática, debido a que uno de mis cursos es virtual. Este hecho es inédito para un egresado de Literatura, carrera que carece por completo de ingredientes informáticos. Es una de las pocas que quedan. En la mayoría de disciplinas profesionales, la computadora es vital. En Literatura Hispánica, sirve para tipear los trabajos en Word, pero nada más. Por lo tanto, ser un alumno virtual es una condición desconocida para mí.

El primer día de clases, nos reuniremos todos los alumnos de Historia del Periodismo- el curso en cuestión- y el profesor Juan Gargurevich nos dará las reglas del juego.

lunes 7 de marzo de 2011

Borrador Lima Sur


II


III


Madera de periodistas

A menos de una semana de comenzar mi vida como estudiante de Periodismo, me envuelve un vaho de alivio: todo salió como había planeado. Si una hecatombe no destroza el planeta, asistiré el próximo lunes a mi primera clase periodística. Un cúmulo de preguntas zangolotea mi fuero interno. La expectativa me ametralla el cerebro. Habita en mí una tensión feliz, que me infunde frenesí, mas no sensaciones aciagas. ¿Será porque estoy haciendo lo correcto.? Eso debe ser.
Mientras la imaginación se expande en este cálido tiempo verpertino, me acomete un recuerdo indispensable. Fue un domingo cuando acudí al local de El Peruano para encontrarme con Ernesto Carlín, periodista y escritor que estudió Literatura- como yo- antes de dar el gran salto hacia el periodismo. Me entrevistaría por mi ópera prima, Lima Norte. Tras unos minutos de espera, Ernesto bajó las escaleras y me miró con fijeza. Llevaba una casaca del Sport Boys y unos lentes densos que acentuaban la tenacidad de sus ojos fisgones. Nos saludamos. Luego, él me guió por unas escaleras hasta desembocar en un pasillo. Ingresamos a una habitación provista de dos muebles largos. Ernesto me dijo que regresaría en unos minutos, que iría a traer la grabadora. Yo esperé, suspendido en una suerte de limbo que me impedía hilvanar pensamientos. Ernesto volvió y la entrevista comenzó. ¿De qué trataba el libro? ¿ Cómo se te ocurrió escribir sobre esa zona de Lima? ¿Influencias? ¿Proyectos futuros?

Tras culminar la seguidilla de preguntas, Ernesto habló con determinación:

-Si no se muere Vargas Llosa, mañana sale la entrevista.

Acto seguido, me indicó que saldríamos a la calle para tomar la foto. Ascendimos por unas escalinatas hasta desembocar en una superficie gris: el estacionamiento de los vehículos de El Peruano. Avanzamos unos metros hasta toparnos con una chica alta que portaba una cámara fotográfica profesional. La saludé. Subimos a una camioneta blanca. La fotógrafa se arrellanó en el asiento del copiloto. Ernesto y yo nos ubicamos atrás.

El chofer encendió el motor y se deslizó lentamente en picado, rumbo a la calle.

- Vamos a hacer la foto en Megaplaza- dijo Ernesto.

Mientras el viaje discurría por Alfonso Ugarte y Caquetá, me sentí dentro de la película Tinta roja. Y, entonces, algo cambió dentro de mí. Una fuerza nueva aguijoneó mi interior. Esa era la vida que quería llevar. Quería orbitar por las calles en busca de la noticia. Un chofer, un fotógrafo, un reportero. La Santísima Trinidad del oficio periodístico.

Bajamos en el paradero de Megaplaza.

- Acá ocurre una parte de mi novela- comenté feliz.

Ernesto y la fotógrafa acordaron que la foto se tomaría en el puente. Subimos de a pocos, evadiendo el tumulto abigarrado que colmaba y hacía retemblar las escalinatas. Me llamó la atención la frialdad con la que Ernesto y su colega se desenvolvían. No le tenían miedo a la gente. Parecían no temerle a nada. Eran periodistas de raza.

La fotógrafa me indicó que apoyara el brazo izquierdo en la baranda y que sostuviera mi libro con la mano derecha. Obedecí. Sentí que mi semblante se había endurecido por la tensión. El gentío se quejaba porque estábamos obstruyendo el paso, pero Ernesto y la fotógrafa permanecían incólumes y seguían con su trabajo.

Entonces, imbuido del sueño de convertirme en periodista como ellos, entendí que se necesitaba madera para dedicarse a eso. ¿La tendría yo?

Y ahora, a más de año y medio de ese episodio indeleble en mi memoria, me siento más curtido, más duro, más recio. He cambiado mucho. Ya me siento preparado para enfrentarme a la realidad.

Que comience la aventura.

viernes 4 de marzo de 2011

Falso al amanecer de Ernesto Carlín, una novela serie B


Falso al amanecer, publicada en 1999, fue la primera entrega narrativa de Ernesto Carlín, escritor y periodista chalaco. El libro fue diagramado por la gente de Crash Boom Zap, célebre fanzine subte que se vendía en los emporios subterráneos: Galerías Brasil y jirón Quilca. Por ello, la diagramación tiene ribetes de cómic, lo que cual dota a la obra de un molde asociado a los productos consumidos por la cultura de masas.

El libro ha sido concebido como un divertido guión cinematográfico. La mayor parte de las páginas está conformada por diálogos. Hay indicaciones: la pantalla se aclara, la pantalla se oscurece, flashback y racconto.

La temática es serie B. Abundantes juergas perpetradas por jóvenes alucinados por las drogas y el alcohol. Un universo sórdido y fascinante plagado de groserías. Un territorio soez y zafio que divierte. Chistes macabros, criollada, sexo explícito. Un retrato desde dentro del mundo juvenil intelectualoide en constante relación con el hampa.

El libro está narrado con una prosa pícara que se burla de todo y se jacta de su erudición caleta.

Falso al amanecer: sesenta y tantas páginas que revientan los ojos del lector.

Una novela serie B publicada hace más de una década.

miércoles 2 de marzo de 2011

Desde Enrique Montenegro, San Juan de Lurigancho


Escribo desde el asentamiento humano Enrique Montenegro, San Juan de Lurigancho, Lima Este. Escribiré en pasado para poder utilizar este texto en mi novela...


¿Por qué se seguían llamando "asentamientos humanos" lugares como este, que poseían bancos, restaurantes vistosos, locutorios, locales de internet? Montenegro era un oasis comercial enclavado sobre una superficie de piedras y tierra calcinada, flanqueado por una cadena de cerros que hormigueaban de casuchas. Apenas bajé del micro, me topé con un chifa- pollo a la brasa de frontis de mayólicas rojas. Cerca de la puerta de ingreso, relucía una refrigeradora atiborrada de botellas de gaseosa y agua mineral. El aspecto de ese establecimiento no difería en mucho de un restaurante de Jesús María o Pueblo Libre.


En la siguiente cuadra se ubicaba el complejo deportivo Monteverde. Divisé una cancha artificial de fulbito, un campo de fútbol, bancas pintadas de amarillo y azul. Del otro lado, franjas de grass y un grupo de bancas ocupaban la berma central, donde destacaba un letrero: Alameda Monteverde.

Seguí caminando. Los negocios automotrices comenzaron a monopolizar la zona. En las puertas de estos locales, se arracimaban hombres de torsos desnudos, tostados por la intemperie. Las decenas de micros estacionados que se desperdigaban en ambas orillas de la avenida daban a entender que me hallaba en el último paradero de esas rutas. No obstante, había buses que continuaban su camino rumbo a los cerros del fondo. Turbonadas de aire terroso bailoteaban sobre el suelo y se iban elevando hasta formar pequeños tornados que se perdían rápidamente en la velocidad del viento.


Mi caminata se volvía cada vez más tortuosa a causa de la agresividad del Sol y la irregularidad del terreno. Sentía que ascendía lentamente, rumbo a la agonía de la ciudad. Según el plano de calles, me hallaba a menos de diez cuadras del final de Lima por el este. Sin embargo, presentía que, detrás de esa muralla de cerros de cimas renegridas, se hallaban más asentamientos humanos, tal vez menos prósperos que Montenegro, pero igual de abundantes en pobladores. Lima jamás terminaba.


***

Apéndice. Apuntes de libreta

Academia prepolicial Mariano Santos- papa yungay -camote- pirca- tomé vaso de chicha. Asociación de mototaxistas Los Cipre(s)ces. Color rojo y verde. Cabina oscura.

martes 1 de marzo de 2011

Otros comentarios recibidos

"Hola. Terminé de leer tu libro. Lo leí en dos días. Muy bueno. Me encantó la parte casi al final que Jenny era travesti. Inesperado. Buen final. Un giro a la historia muy bueno. Lo que sí te diré que la manera que describías me daba un poco de asco. Cuando decías Jenny vino con un top se le veían los senos o un jean apretadito...es que describías mucho como se vestía Jenny o las chicas, por ejemplo, con las que bailaba Lorenzo cuando las describías me las imaginaba pues y me daba un toque de asco".
Claudia, 19 años
"Durante ese tiempo he leído a tu primogénito, y me enganché tanto que lo terminé en un día, ahora que estoy con mi máquina de vuelta, te escribo para decirte que estoy esperando Lima Sur con ansias".
I.

El maestro de Petersburgo de J. M. Coetzee


" La poesía podría devolverle a su hijo. Tiene cierta idea del poema que le haría falta, una idea de su música, pero él no es poeta: es más bien un perro que ha perdido el hueso, que escarba aquí y allá". " Cuando uno es joven, se muestra impaciente con todo lo que le rodea. Uno es impaciente con la madre patria, porque la madre patria le parece vieja, revenida. Quiere cosas nuevas, conocer nuevas ideas". " Los estudiantes, por cierto, hablan demasiado. No hacen otra cosa que sentarse a discutir, a desperdiciar sus energías. La universidad es un sitio en donde te enseñan a discutir, de modo que nunca tengas que hacer realmente ninguna otra cosa". " ¿No va siendo hora de que intente compartir la existencia con los oprimidos, en vez de sentarse en su casa a escribir sobre ellos para ponerse luego a contar el dinero que ha ganado?" " Le dejan a usted escribir lo que quiera sobre el mudo sufrimiento de los pobres, hasta hartarse y aplacar su corazón, e incluso le aplauden, cómo no, pero jamás le permitirían publicar la auténtica verdad".