
Hoy comenzó la aventura periodística. Por la mañana, tuve clase de Historia del Periodismo con Juan Gargurevich. El curso es virtual, pero tiene un puñado de sesiones presenciales. Hoy fue una de ellas. El profesor es gracioso, preciso en sus palabras y muy suelto. Habló de su esposa, hijos y nietos. La gente reía suavemente.
Usó la computadora en todo momento. Ingresó a Paideia Pucp, espacio virtual donde se encuentran los archivos del curso. Una vez allí, nos mostró el cronograma del curso y detalló el sistema de calificación. Entre los temas que rescato de su refrescante monólogo, se hallan su experiencia en Cuba frente a Fidel Castro, la importancia de la película porno Garganta profunda en el periodismo, el curso de periodismo de investigación que dicta en San Marcos y su sorprendente conocimiento del Averno y jirón Quilca. ¿Un hombre de más de setenta años en esos lugares subtes? La explicación es simple: es periodista profesional.
La clase acabó a las 10 y 15. Con pasos urgentes, salí del salón y troté hasta una computadora para ver en qué aula me tocaba mi siguiente curso, Teorías de la Comunicación, que comenzaba a las 10. Cuando vi el aula en la máquina, subí ágilmente hasta el segundo piso y avancé hasta la puerta trasera del salón. Estaba con seguro. Vi un chico ovillado en el suelo y le pregunté si llevaba ese curso. Respondió que sí.
- ¿Hará descanso?- pregunté.
- De hecho. Son tres horas de clase.
Me compré un refresco, me arrellané en una banca y me puse a leer el periódico Punto Edu. Los minutos avanzaban plúmbeos, electrizados por mi ansiedad. Pasó el tiempo. 11 de la mañana: puerta cerrada. 11 y 30: puerta cerrada. 12: 05: la puerta trasera del aula se abrió y la gente comenzó a salir, con mochilas y bolsos al hombro. Intrigado, entré al aula y me topé con un ámbito atezado, rociado de vocecillas joviales. Grupos de muchachos estaban sentados en grupos, intercambiando sus teléfonos y correos. Le pregunté a un muchacho si la clase continuaría. Sonriente, respondió que no, que ya había acabado.
- Hay que hacer grupos- me informó
Me despedí y me largué a almorzar. Hace un rato he mandado un correo electrónico a la gente de ese curso para armar un grupo. Ojalá respondan.
Dentro de dos horas y media tengo otra clase. Esta vez nada impedirá que llegue temprano.
Tareas pendientes:
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