lunes 31 de octubre de 2011

El inconquistable de Beto Ortiz



Tuve la buena suerte de ser uno de los correctores de este libro. El inconquistable, nueva publicación de Beto Ortiz, forma parte de la interesante serie "Cuadernos esenciales" de la editorial Estruendomudo. El libro en cuestión contiene la célebre entrevista que Ortiz le hizo a Mario Vargas Llosa en el programa Beto a saber, allá por el año 2000.

El prólogo es muy bueno, pues está escrito al puro estilo Beto Ortiz y proporciona información interesante. Y ni qué decir de la entrevista, la cual está dividida según los temas que fueron tratados.

Ayer se presentó el libro y no pude ir. Me venció un vicio que ha retornado a mis soledades nada gongorinas: Raymond Chandler, esa bestia brillante que, pese a haber sido un diestro narrador de historias policiales, erró el tiro cuando se quiso suicidar. A Onetti le divertía mucho esa anécdota.

domingo 30 de octubre de 2011

Recta final

Se viene la recta final. Tan solo tres semanas de clases quedan en este ciclo tempestuoso en actividades laborales y estudiantiles. Debido a las ocupaciones me ausenté durante varios días de este blog, pero aquí estoy de vuelta, sorteando la resaca a punta de palabras.

Por la mañana, comencé a leer un librito de cuentos del buen escritor peruano Augusto Higa. El pequeño volumen recopila algunos cuentos y se llama Esta calle ya no es mía. Confieso que me gusta este autor. Me parece interesante y sensible. Pienso que se le debería conocer más.

Mientras me limpio de la rezagos de la borrachera periodística de anoche, miro el ejemplar de El sueño eterno de Raymond Chandler que le compré al librero que estaba vendiendo volúmenes usados en el interior de la universidad. También adquirí La dama del lago de Chandler y una novela de Ross McDonald. 12, 14 y 18 respectivamente. Ya tengo novelas de lectura ágil para devorar en los ratitos libres de esta doble vida.

martes 25 de octubre de 2011

Mi horario y los adjetivos

Ayer, entre las cinco y la siete de la noche, participé en un mesa redonda del Coloquio de Estudiantes de Literatura, de la que también formaron parte Giovanna Pollarolo, Celia Rubina y mi actual editor, Álvaro Lasso. Me divertí. Parece que, finalmente, he terminado por acostumbrarme a hablar en público. No obstante, el saludable bicho del nerviosismo sigue recordándome mi origen introvertido y tendencia al aislamiento.

Por la noche, le di una última corregida al nuevo libro de Beto Ortiz, El inconquistable, un volumen que recoge la entrevista que le hiciera el periodista a Mario Vargas Llosa en el año 2000, en las postrimerías de la ominosa dictadura fujimontesinista. Disfruté leyendo con atención el libro. Acabé al filo de la medianoche.

Hoy, por la tarde, volví a presentar Los ríos profundos, esta vez en el café cultural de Letras, en la PUCP.

Hace un rato, mi profesor de Redacción Periodística me comentó que mi breve crónica de viaje es muy barroca. Los adjetivos, dijo. La pesadilla ha vuelto, me digo ahora con sonrisa de payaso maligno. Los adjetivos, mi cruz. ¿Es que he vuelto a ser el mismo que escribió Lima Norte en horas torturadas, allá por el 2007?

Los adjetivos, carajo. Los adjetivos.

lunes 24 de octubre de 2011

El mar de John Banville



John Banville es una pluma luminosa. Posee una de las prosas más bonitas que he leído, de ribetes sabios y lucidez divina. Cuando narra, el lector cae bajo el efecto de un tibio encantamiento. Entonces, uno no lee una novela, sino la vida misma. Sus frases saben encontrar la esencia del mundo. Sus frases huelen, duelen, alegran, dan frío y raspan el corazón. Esa capacidad de despertar sensaciones es difícil de encontrar.

El tramo final de El mar, la novela de Banville que acabo de terminar de leer, es excelente y estará inmune a mis olvidos. El abanico de descubrimientos se abre con crudeza, sobre la base de un contrapunto temporal que guía hacia paralelismos soterrados, y nos adentra en el final como si nuestros cuerpos fueran envueltos por la extraña marea para, finalmente, penetrar en la eternidad del océano, donde descansan por siempre todas las culpas y la turba de nuestros deseos.

domingo 23 de octubre de 2011

¿Oficio u obsesión de cartógrafo?



El título de un famoso libro de Jesús Martín Barbero me sirve como titular de esta nueva noticia de mis soledades.

Cartógrafo: persona que traza cartas geográficas.

¿A qué voy? A mi obsesión de registrar la ciudad. Avenidas, calles, jirones, plazas, parques. Desde hace cinco años, cobijo ese vicio de registrar en papel la ciudad de Lima. Todo empezó cuando fui a San Juan de Lurigancho por primera vez, a los veintiún años, a raíz de la lectura de La hora azul de Alonso Cueto, novela que se suscitaba, en buena parte, en dicho distrito. Armado de una libretita, trabé amistad con la urbe por medio del registro de su anatomía multicolor y chicha. Apuntaba todo lo que podía, con dedos sudorosos. Era- y es- una obsesión.

En la edificación de mis novelas publicadas utilicé el mismo método: llevar libretas a los escenarios y apuntar todo lo que se pudiera. A esto habría que sumarle el interés por retratar la mayor cantidad de espacio. Las zonas aparecían, se agolpaban y pedían ser recreadas en la ficción.

Varias personas me han dicho que he abusado de las descripciones en mi más reciente publicación. Puede ser. Tal vez debí quitar algunos párrafos en esas descripciones, pero jamás las hubiera reducido al mínimo. De alguna forma, mi escritura es cartográfica, aunque les pese, aunque me pese. Siempre necesito registrar las rutas. Trataré de variar la forma de describirlas para que no parezca una mera guía de calles en prosa. Lo intentaré. Lo especial es que mis novelas son urbanas; es decir, la ciudad es la protagonista y necesito- sí o sí- colocar información sobre las calles. De todas maneras.

Para Lima Este evitaré describir la misma ruta más de una vez y trataré de eliminar la información rígida que no sirva para aportar a la historia. Hoy empecé a segar la novela. Eliminé párrafos descriptivos en varias páginas. Había tramos que, sinceramente, eran únicamente descriptivos y tenían más de cinco páginas. Debo evitar esas exageraciones. Mi sudoroso oficio- obsesión- de cartógrafo debe pasar por el filtro de la mesura.

viernes 21 de octubre de 2011

Texto leído en la presentación de LOS RÍOS PROFUNDOS( Estruendomudo, 2011)



Los ríos profundos infunde respeto, admiración, pero, sobre todo, emoción. El nivel de belleza de esta inolvidable novela remece el interior de los lectores y despierta sentimientos desconocidos. Desde el primer capítulo, José María Arguedas nos ofrece con brillantez una recreación lírica del Perú de los Andes, ese Perú que Ernesto, el muchacho de catorce años que es el protagonista de la novela, ha recorrido junto a su padre.

Ernesto, al igual que su progenitor, tiene la piel blanca, pero no se siente blanco. Él es un indio de corazón, pero no es un indio de piel y eso le duele. Ernesto se siente fuera del círculo, como quien contempla" los ríos andinos de régimen imprevisible". Él siente una honda fascinación por los indios, pero no todos ellos lo aceptan de la misma manera. Ernesto se encuentra en un limbo, en una situación de doble marginalidad. A él le ocurre lo que nos pasa a los mestizos peruanos, pues no somos indios ni blancos y contenemos en nuestros cuerpos todas las sangres del mundo.

El Perú andino de Los ríos profundos nos sumerge en una cultura de nueve mil años de antigüedad, rica en mitos que forman parte de la vida cotidiana. Por ello, es normal que los personajes aseguren que las piedras hablan, que las águilas que resguardan Sacsayhuamán son eternas, que toros dorados emergen de los lagos con el tañido de una campana, que ni la lluvia ni el rayo toquen la catedral cusqueña y que sea mentira que la tierra sea redonda. El territorio andino recreado por Arguedas está dominado por tremebundos hacendados como el Viejo, familiar del protagonista, en quien conviven la crueldad y una obsesiva religiosidad. En suma, la historia de Los ríos profundos está situada en un contexto feudal, donde la independencia nacional es mera retórica, pues la estructura social de la colonia permanece, favoreciendo siempre al gamonal y aplastando a las masas andinas.

La historia de Los ríos profundos discurre, en buena medida, en un colegio religioso de Abancay, donde Ernesto es alumno interno. El padre director de la escuela es un hombre politizado que trabaja a favor de los hacendados y procura mantenerse siempre del lado de los poderosos. Es interesante la forma en que Arguedas, por medio de su narración, evidencia de manera descarnada los vicios e inmoralidades de la Iglesia Católica, mostrando, paradójicamente, el lado demoníaco de los emisarios de Dios en la tierra.

Y así como se nos muestra el lado cruel de los poderosos, también se exhibe la capacidad de reacción de la masa andina, la cual se rebela ante los abusos y saca a relucir toda su valentía.

El catálogo de personajes de Los ríos profundos es variado e impresionante. Aparte de Ernesto y su progenitor, del padre director y del Viejo, de las chicheras y los músicos, tenemos en el interior del colegio un atractivo inventario de personajes. Tenemos a Añuco, hijo bastardo de un terrateniente. Tenemos al Lleras, protector de Añuco, destacado deportista, peleador por excelencia y pésimo alumno. Tenemos a Ántero, el muchacho que lleva por primera vez al colegio el célebre zumbayllu, un trompo mágico con alma propia, cuyo chirrido se asemeja al zumbido de un insecto del Ande. Y tenemos a un personaje sumamente misterioso y atractivo, la opa Marcelina,una mujer demente que, en palabras de Arguedas, posee un "rostro blanco cubierto de inmundicia".

Hay numerosas razones para leer y seguir leyendo Los ríos profundos. Sobre la base de un lenguaje lírico, perfumado por la sintaxis del quechua y cánticos hermosos, Arguedas edificó una novela de aprendizaje en la que el adolescente Ernesto comienza a convertirse en hombre. Ernesto, al igual que Arguedas, avanza por la vida entre el quechua y el español, entre la alegría y el tormento, entre el fuego y el amor.

Los ríos profundos es, sin duda, la mejor novela peruana. Y su autor, José María Arguedas, es mucho más que un narrador inolvidable. José María fue poeta, docente, antropólogo, músico, recopilador de mitos y cantos andinos, un tenaz difusor del retablo. Se dio tiempo, también, para respaldar a los nuevos narradores de la época, como aquel joven arequipeño llamado Oswaldo Reynoso que publicó Los inocentes. Arguedas fue de todo. Hasta fue un fugaz inquilino del penal El Sexto, experiencia que convirtió, años después, en intensas páginas novelescas.
El título de la novela que esta noche nos ha reunido no se refiere solo a los ríos andinos de torrente poderoso. Los ríos profundos son nuestras creencias más arraigadas, nuestros complejos más escondidos e innombrables, los tormentos de la piel, nuestras costumbres, nuestros sueños. Estos ríos profundos nos acompañarán a lo largo de la vida, hasta que lleguemos a la gran selva, al país de los muertos.


Giovanni Anticona

lunes 17 de octubre de 2011

Rumbo al tercer round



Es difícil acostumbrarse a recibir críticas en los medios de comunicación. Uno levanta con esfuerzo la obra literaria, zigzagueando entre inseguridades, cansancios y aburrimientos, y de cuando en cuando aparecen reseñas, sucintas la mayoría, que juzgan la esforzada obra y sopesan sus virtudes y falencias. Y el autor continúa. Esgrimiendo el ímpetu se va avanzando, se hace lo mejor que se puede, se sueña, se sufre y se incendia el espíritu de satisfacción. Felices, pero no satisfechos, jamás satisfechos. Esa es la clave.

El autor se va a acostumbrando a la crítica literaria. Aprende a asimilar las recomendaciones para mejorar y abandonar cada vez más la puerilidad y la impericia. La crítica enseña al escritor a asumir la aventura literaria como un pelea de box. Cada round es el libro que el autor está dispuesto a publicar o es capaz de publicar.

Afortunadamente, he aprendido, paulatinamente, a vivir en paz con la crítica. Es más, me interesa mucho que los críticos mencionen los puntos flacos para seguir combatiendo, cada vez con mejor pulso. Esa es la idea para seguir mejorando.

En las reseñas valorativas que han salido en medios sobre Lima Sur- El Comercio y La República- los críticos mencionan los defectos que ellos han captado. Les agradezco. De esa manera piso tierra, me ovillo en la reflexión y, yo también, sopeso lo expuesto para afianzarme como novelista.

Mientras brotan reseñas de manera impredecible, cometo errores laborales y estiro las horas para paladear mi bizarra condición de estudiante recalentado, miro y remiro las páginas de Lima Este, más sólido que nunca, con mayor calma y madurez, rumbo al tercer round, que será una nueva revancha conmigo mismo.

Que siga el combate.

domingo 16 de octubre de 2011

Del periodismo y otros demonios




El próximo lunes voy a participar en el Coloquio de Estudiantes de Literatura de la PUCP, en una mesa llamada "Literatura y medios de comunicación". Estarán presentes Alvaro Lasso, Giovanna Pollarolo y Celia Rubina.

Mi ponencia presentada consiste en una sucinta monografía sobre el Nuevo Periodismo Norteamericano, la cual presenté como trabajo final en el curso Historia del Periodismo. No obstante, quiero aprovechar esos 25 minutos que tendré para articular más temas. Además, el escritor amigo Javier Pizarro, quien encabeza la organización del evento, ha sugerido a los ponentes que liguemos las labores comunicacionales que cada uno ha asido como tema con la literatura, la estrella del coloquio, claro que sí, y motor de mi procelosa vida.


***
He decidido, en estos días, mientras mi horario avanza entre espinosas responsabilidades, cavilar sobre el "trabajo de campo literario", denominación propia que se vincula claramente con las ciencias sociales. Quiero hablar sobre la labor del narrador en acopio de información, similar a la de un periodista. Asimismo, abogaré por el derrumbe de distinciones teóricas para proponer una premisa parida de la praxis: esa que afirma que no existen géneros, que lo existente es únicamente la narrativa. Claro que es demasiado superficial discutir a nivel de nomenclaturas, pero será una forma de hermanar labores- la periodística y la literaria- que siempre han caminado juntas, pues se complementan, necesitan y son parte de la misma actividad, eterna y bendita: la narración.

El periodismo ayuda al narrador realista para afianzarse en su observación y análisis de la realidad, el insumo de las obras literarias. La praxis periodística ayuda a mirar con teleobjetivo, por decirlo de alguna forma, los sucesos del cemento y ahondar las descripciones, elementos inapelables de la ficción literaria.

Sería bueno, para activar un poco de polémica, hablar sobre el desprecio infundado que los literatos tienen del periodismo. La clave allí es simple: no confundir redactor de noticias y columnista con periodista. Todos tienen el derecho a ejercer funciones comunicacionales debido a que existe libertad de expresión, pero el periodismo profesional es otra cosa. Y claro que no todos los periodistas egresados de alguna universidad o escuela son realmente profesionales cuando se trata de abocarse al trabajo. Pero la profesionalización del periodismo avanza y se irá posicionando, rumbo al derrocamiento de parvadas de veleidosos que pasan por un medio durante una temporada y ya se hacen llamar periodistas. Abundan las taras y los prejuicios, carajo. Un poco más de consideración con los que estudiamos en serio la profesión de la verdad por excelencia.

sábado 15 de octubre de 2011

Juventud y clandestinidad en Lima, de Jerjes Loayza



Juventud y clandestinidad en Lima( imaginarios y prácticas violentas) es un trabajo sociológico de Jerjes Loayza que se enfoca en el análisis del pandillaje en la ciudad autogestionaria de Huaycán. Lo compraré lo más pronto posible. Se trata de un libro sobre una zona clave de Lima Este.

LA PRESA de Kenzanburo Oé

La presa, sucinta novela del premio Nobel japonés Kenzanburo Oé, narra una cruenta historia que me ha impactado por su crudeza. En un contexto bélico, un avión cae cerca de un poblado. Un soldado negro, la presa, es el único sobreviviente del accidente.
Este personaje, calificado de animal magnífico por el narrador, provoca excitación en la localidad y se convierte en una suerte de ser sagrado para los niños. Agazapado en un sótano, viviendo en sordo silencio su cautiverio, desencadenará un hecho de sangre que teñirá de desgracia ese paraje distante.

114 páginas hermosas.
El escritor realista, al igual que el periodista, tiene sus fuentes. En la búsqueda de información, el plumífero recurre a ciertas personas que le proporcionarán datos para armar el producto ficticio. El escritor realista, al igual que el científico social, debe realizar trabajo de campo. Lo hizo Flaubert, lo hace Vargas Llosa. Lo hacen muchos.

El escritor realista, al igual que un navegante, debe tener una bitácora para apuntar todo tipo de información, pincelada literaria o pensamiento cualquiera.

El escritor realista, ¿ por qué no?, debería tomar fotos de los lugares reales que retratará en su ficción. Asimismo, podría grabar el habla de la gente de la calle, esos avispeos, para captar la sintaxis de la lengua de la urbe y acostumbrarse a ese ritmo atropellado para evitar la rigidez al momento de diseñar los diálogos.

jueves 13 de octubre de 2011

Jonathan Franzen




Mis intenciones de abarcar el catálogo de la narrativa actual en el mundo son lógicamente infructuosas. La abundancia de autores transforma a todo arte en un universo insondable que nadie asirá por completo. Cada vez que aparece un nuevo nombre, caigo en la cuenta de lo pequeño que es el poder individual.

Jonathan Franzen es uno de esos autores que se mencionan a menudo en los blogs literarios que visito a diario, pero que aún no he leído. Sé que es estadounidense, que sus proyectos son ambiciosos y que tiene una novela que ha causado revuelo llamada Freedom. Al escrutar el catálogo de la biblioteca de la PUCP, descubrí que está presente su primer best seller, Las correcciones. Tomaré en cuenta este libro cuando el solaz horade mi farragoso horario.

lunes 10 de octubre de 2011

Presencia en el libro "Lima imaginada"



"De especial interés resulta la revisión que hace Protzel de la imagen de Lima en la obra de tres narradores peruanos: Julio Ramón Ribeyro, Mario Vargas Llosa y Giovanni Anticona".

Javier Ágreda( La República)

domingo 9 de octubre de 2011

Vislumbrando a Marcel Proust

Mientras palpo la vida mediante quehaceres que se ciernen sobre mi doble identidad, busco acariciar los tramos libres con lectura literaria de alto nivel espiritual y estético. He aprovechado estos días diáfanos y reconfortantes para avanzar mi lectura dostoievskiana, que, con alivio y sabio vértigo, va llegando hacia su fin. Solo faltan ciento treinta y tantas páginas para cerrar las titánicas compuertas de ese volumen con hálito divino.

Esta mañana dominical, me arrellané en una silla anacrónica, abrí En busca del tiempo perdido y comencé a leer el primer libro, de a poquitos, al menos unas páginas que me confirieran la capacidad de sondear el poder de Marcel Proust. Consumí una veintena de páginas con deleite. Un sabio dulzor brotaba de esa vasta cavilación hecha de oraciones de pálpito elegante.

Por el camino de Swann es un viaje memorioso, una travesía por los recuerdos de un narrador pensativo e hipersensible que va construyendo la historia.

Son siete libros los que componen la saga de En busca del tiempo perdido. Siete. Sospecho que mi vida actual y los sortilegios acerca de las rutinas inminentes declaran la áspera verdad: no leeré las siete, a menos que me lo proponga hasta el fin de mis días, cantidad impredecible, pues la muerte se posiciona con arbitrariedad sobre las cabezas y condena. No me dará el tiempo para leer el monumento proustiano, pero al menos leeré Por el camino de Swann y un par de libros más a lo mucho.

Proust me ha remecido lo suficiente. De a pocos, iré conociendo su pluma, como quien decodifica un rostro compuesto de múltiples piezas. Lo tomaré en cuenta todos los días, en los lapsos en que el fárrago de la vida real otorgue una tregua para paladear mis pensamientos, como quien toma un café a media mañana o come una magdalena.

Medianoche en París( Woody Allen)



En el corpus cinematográfico de Woody Allen, el genio neoyorkino quien con cada película nos deslumbra y divierte, se ha visto robustecido con un filme más ambicioso llamado Medianoche en París. Noto más ambición pues Allen se encarga de sumergirnos en los años veinte parisienses y, en corto tiempo, también en la capital francesa de las postrimerías del siglo antepasado, con ambientaciones precisas-altamente verosímiles- y una gama de artistas caracterizados con buen gusto y dosificados trazos hiperbólicos. Todo ello se alza para sostener una historia alleniana típica, un poco más cándida que la mayoría de sus tramas, en la que un escritor de guiones, quien vive enamorado de París, llega a esta ciudad en un viaje con su prometida. Una de esas noches, en una calleja aviesa y penumbrosa, el protagonista, quien es aspirante a escritor de novelas, es invitado a subir a un auto de modelo antiguo que será el vehículo que lo conducirá al mundo de los años veinte, al encuentro de personajes como Fitzgerald y Hemingway, y al hallazgo de una mujer que lo encandila.

Una estructura narrativa clara y compacta. El humor exquisito y socarrón de siempre. Una fotografía en sintonía con el barniz artístico que posee la historia.

viernes 7 de octubre de 2011

El comunicador como humanista



El comunicador debe ser un humanista. Las herramientas de la tecnología deben estar al servicio de los hemisferios más trascendentes de la comunicación humana. La grabadora de voz, la cámara y la computadora deben ser los medios tangibles para articular ideas originales y útiles. De nada vale la sapiencia meramente tecnológica cuando los contenidos humanos son triviales, diversionistas y efímeros. La tecnología debe estar unida a las honduras del pensamiento. Pensemos en los grandes cineastas y en cómo utilizan la tecnología para contar historias contundentes, preñadas de calidez, emoción y eficiencia.

Por otro lado, la vana tecnología está vinculada a la ordinariez del uso de las redes sociales como mero pasatiempo, convertido en significante pero jamás en significado.

La grabadora de voz debe registrar los ruidos del mundo y palabras esplendentes que esclarezcan la abigarrada realidad y confieran datos útiles para la noticia, que es la búsqueda de la verdad, la más noble de las tareas, así como la literatura es la más completa y bella de las artes.

La cámara fotográfica y la de video deben captar la magia agazapada en el vocerío de la vida cotidiana. Mediante imágenes debemos recoger el detalle maravilloso, el ángulo ideal, el gesto, la maroma, la postura más valiosa.

Y utilicemos Microsoft Word para escribir los mejores textos que podamos. Evitemos la rapidez, lo superficial. Desterremos de nuestros dedos la flojera, el párrafo mediocre, la tilde no colocada, la frase ambigua. Usemos la computadora como la herramienta que nos hará inmortales y no como el juguete que endulzará nuestro insomnio, nuestro ocio, con lucecitas veloces y juegos fatuos que jamás construirán un significado, una brizna indeleble que quede para siempre en el mundo de las ideas.

jueves 6 de octubre de 2011

Minado de incertidumbre está el camino de los libros. El autor publica y deja que el nuevo hijo se expanda y viaje hacia confines ignotos, azarosos, a veces mágicos. No hay sustancia agorera que anticipe lo que pasará con la nueva aventura de papel. Gustará más o menos que el anterior. Será un retroceso, un avance o más de lo mismo. Cada par de ojos lo dirá. Transido, el autor espera las reacciones, esas migajas de los medios, del abigarrado público. La saña, la buena fe, el consejo amable y constructivo, la invectiva, el lado cálido, lo excrementicio. ¡Tantos elementos están enquistados en las reacciones humanas! Un libro activa luces durmientes en los corazones y las vísceras.

A esperar las reacciones, esas gotitas ardientes.

martes 4 de octubre de 2011

"El discurso senderista está presente"

Entrevista. El escritor Martín Roldán habla sobre piratería, subversión y barras bravas.


Tiene aspecto de tipo duro y lo es. Una cicatriz rosada destaca en la parte baja de su mejilla derecha, como marca de una guerra que no ha terminado y continúa en las calles. Martín Roldán es escritor, periodista y orgulloso miembro del Comando Sur. En el año 2007, publicó de manera independiente su primer libro, Generación cochebomba, una novela sobre la década de 1980 que ha merecido cuantiosos elogios y hasta una tesis de licenciatura. Dos años después, retornó a la escena literaria con Este amor no es para cobardes, un libro de cuentos sobre las barras bravas que ha sido incluido en el plan lector. Roldán hizo un alto a su labor de bibliotecario de un colegio estatal y se enfrentó, cuerpo a cuerpo, al autor de esta entrevista. A continuación, se transcribe el combate.


Vi en tu Facebook que te habías enterado de la existencia de una edición pirata de tu segundo libro. ¿Te dijeron o la viste en algún lugar?


Lo he visto acá al frente, en San Marcos. Al costado del tío que vende jugo de naranja.



Hay gente que dice que de alguna forme te difunde...
Eso es lo bizarro del país. Cuando yo puse en mi Facebook " me acaban de decir que soy un autor pirateado; empiezo a ser un escritor conocido", habrá habido como ochenta comentarios de amigos míos y todos me decían "felicitaciones". Eso es lo raro( risas).

Ocurre también en la música. Cuando Leusemia fue pirateado fue un síntoma de que ya era más conocido.
Y el mismo Daniel( líder de Leusemia) decía, en un concierto que está grabado incluso, "consigan mi último CD. Acá lo están vendiendo a tanto o si no lo encuentran en El Hueco".

¿Tú lo ves como algo positivo de alguna manera?
No sé si positivo. Hay sentimientos encontrados, pero a mí me ha servido mucho la piratería para llegar a autores que no podría tener acceso. Recuerdo que Daniel Alarcón me mandó una entrevista- porque escribió una nota sobre la piratería- y en una pregunta me dice si me han pirateado y yo digo que no. Y un amigo me dice "entonces no eres conocido".



Se toma como un termómetro.
Yo tengo una ética de la piratería. Trato de no comprar autores peruanos.

¿Tú ves alguna relación con que un libro salga en una gran editorial como Norma o Alfaguara, y sea pirateado? ¿Cuál crees que es el criterio?
Yo creo que el criterio para que haya sido pirateado mi libro es que, como está en el plan lector y lo leen en colegios, muchos niños escolares iban a preguntar a librerías y a comprarlo. Y a veces se agotaba.



Eso significa que el tiraje, tal vez, ya está casi agotado.
Yo sé por el pago de regalías que me han dado que el tiraje ya se está agotando.


¿Te ha ocurrido que alguien te ha pedido un autógrafo con un libro pirata?
Pirata no, pero, en un colegio, había una niña que le había sacado copia al libro. A color y todo. Pero sí, le firmé.

Tu segundo libro propone una explicación de la violencia pasada, la guerra interna, que ahora se ha trasladado a las pandillas. Hay referencias precisas de la guerra interna, personajes vinculados. ¿También se da en la elección de las palabras en los diálogos?
En los hechos sí quería relacionar. En las palabras ellos hablan tal cual. Hay un cuento que se llama "La camiseta ensangrentada". Allí hablan jerga, pero la forma como ellos hablan es muy distinta a la del cuento "Los culpables", que transcurre en El Agustino. "La camiseta ensangrentada" ocurre en la avenida La Marina, entre Pueblo Libre y San Miguel. Son clases medias.

Has tenido cuidado con las zonas.
En esas zonas donde ha habido presencia subversiva, que es más en los Conos, los cinturones de hierro, como llamaba Abimael Guzmán, que iban a apretar a la ciudad el día de la insurgencia popular, se manejan esos términos porque han estado allí. Saben qué es "reglaje", una palabra senderista. Es muy común que la gente diga "reglaje". Para los cuentos que yo he ambientado en zonas marginales, de alguna forma, el discurso senderista está presente.

Sería una huella que hasta ahora se manifiesta.
De hecho se manifiesta en los mismos nombres de las barras. Trinchera Norte, por lo que he podido leer, viene de "luminosa trinchera de combate", que era un lema de Sendero. Y Comando Sur viene de los comandos de aniquilamiento, que pertenecían a Sendero. La forma de hablar de estas pandillas de barra son herederas de algo que viene de atrás. Su modo de accionar, su forma de organizarse, su forma de ver el país. Pero ellos no son, obviamente, grupos antisistema, como podrían haber sido los subtes de Generación cochebomba.

En varios lugares he visto que se ha vinculado a Sendero o MRTA con el mundo subte. ¿Has visto una filtración fuerte de los grupos subversivos en el mundo subte?
Ellos iban, se sentaban, estaban por ahí o iban al concierto, chupaban contigo y solapadamente te estaban hablando. Veían quién era el más desesperado o el más radical y le hablaban y lo convencían.

¿Se podría decir que no fue algo tan masivo?
No. Y así cayeron varios.

¿Tampoco había un rechazo frontal o sí?
Sí. Había discusiones.

¿Te has cuestionado sobre el tema?
Me he cuestionado, pero no fui seducido. Sí sabía de otros, de amigos y de conocidos que sí se integraron y algunos estuvieron presos y algunos murieron. Sendero utilizaba a la mujer para seducir, sobre todo en San Marcos, y eso es conocido. Te seducían, te metían a la subversión y después se abrían.

Me es inevitable, en este contexto, preguntarte si cuando escribías tus cuentos tenías en claro ese tipo de personajes como los que ahora están vinculados con la muerte de Walter Oyarce. Esta gente con dinero que no pertenece totalmente a la barra.

Hay un cuento que se llama "Este amor no es para cobardes, donde dos amigos van a la tribuna de occidente. Hay uno que encuentra que el accionar violento de la barra va con él y por eso al final le dice "la próxima semana me voy a sur con la barra".


¿Tú tenías una idea de colocar distintos personajes de la barra?
Claro. Hay uno de un Cono, de San Miguel, de La Victoria. O este chico que es hincha de la U en el cuento "Ahora te mueres". Y hay una cosa curiosa. El sábado estuve con unos periodistas y conversábamos sobre este tema. Hay un testigo que dice que el Cholo Payet entra el palco y dice "ahora se mueren". Cuando te chapan a uno, lo primero que te dicen es "ahora te mueres". Esa es la palabra. Entonces, si este señor dice que eso ha dicho el Cholo Payet, esa vaina realmente es cierta. Es un término propio de un barrista o un pandillero.


Que solo sabría bien alguien que está metido en ese mundo.
Claro. Esa palabra es clave. Como sabrás, yo he participado de peleas y cuando han chapado a uno le dicen" ahora te mueres". Y al ver al chico Oyarce ensagrentado, con su polo puesto, es la imagen misma que yo tuve del cuento " La camiseta ensangrentada". Hasta me dio escalofríos que la realidad supere a la ficción.

Ahora que tienes dos libros, ¿cuál es tu búsqueda para el siguiente?
Tengo un libro de cuentos terminado. Son historias y personajes que quedaron de lado dentro de la trama de Generación cochebomba.
03/10/ 2011

domingo 2 de octubre de 2011

La guerra no ha terminado




Martín Roldán, escritor e integrante del Comando Sur, coloca esta frase en su cuentario Este amor no es para cobardes, cuya temática son las barras bravas: "La guerra no ha terminado, continúa en las calles". Esa afirmación puede ser aplicada a la tragedia de Walter Oyarce, en la que la violencia del fútbol ha vuelto a cobrar una víctima. Esta vez se trató de un muchacho acomodado, cuyo cuerpo exangüe ha desplazado el gaseoso poder de Ciro Castillo, quien, desde el fantasmal sillón de su ausencia, desató un caso policial que mantiene- ¿mantuvo?- en vilo al país. Ciro Castillo, parece que una nueva tragedia se ha encargado de disolver tu potencial de noticia vendedora. Ahora, seguramente, solo el diario Ojo seguirá dedicándote sus portadas y paranormales presagios.

Pero quiero regresar a la frase de Roldán. ¿Qué clase de seres humanos son los asesinos de Walter Oyarce y su pandilla de esperpentos subnormales? Son tipejos embrutecidos por los vicios, la ociosidad, inyectados por la más animal violencia. Mentes destructivas y básicas que viven sin reflexionar, atados a los sordos requerimientos del cuerpo. Dos locos: Loco David y Cholo Payet. Clases sociales antagónicas, pero misma calaña de violentistas amarrados a los rubros más excrementicios de los sentidos. El pituco y el misio unidos por la estupidez. Y una institución que los trató de proteger.

Este caso ha despertado en las bocas el tema de la violencia en el fútbol. ¿Fútbol? Esos tarados son hinchas de la U,pero, sobre todo, son unos criminales.

Ayer estuve viendo videos en Youtube, en los cuales los propios integrantes de las barras bravas graban sus actos de violencia. Vi cómo se agarraban a pedrones en los arenales de Canto Rey, cómo penetraban en Campoy con el objeto de atacar a barritas contrarios, cómo desfilaba el Extremo Celeste por una avenida ancha( el líder exhibía un revólver con desparpajo), cómo estos subnormales capturan a un contrario para arrebatarle su camiseta.

Este contexto bañado en sangre está compuesto por los rezagos de las décadas pasadas.

¿Reconciliación nacional? La guerra no ha terminado.

Continúa en las calles.