
Un nuevo año, una resaca más. El retorno a Lima en micro desde San Bartolo. Dormir a trompicones mientras la Panamericana discurría azulada y ebria de juventud. Otro micro en el Trébol camino a casa.
Compré La República al borde de la siete de la mañana y pasé las páginas. En la sección Ocio y Cultura, encontré el recuento anual de literatura peruana. Y, como lo sospechaba, mi novela Lima Sur estaba ausente. Lo mismo había ocurrido días atrás, en el recuento de El Comercio. Los nombres importantes se repitieron en ambos recuentos: Gutiérrez, Ampuero, Colchado, Bossio, Julián Pérez...Me sorprende, eso sí, que no se mencione a Roberto Reátegui, importante narrador peruano que publicó Diva.
Mentiría si les dijera que la ausencia de mi novela en los recuentos no me importa. Claro que me importa. Pero sería frívolo ahogarse en ese vasito de agua turbia de la hojarasca literaria. Sé, desde hace varios años, que el camino de la literatura es difícil, cada vez más: uno compite consigo mismo, libro a libro.
No ser tomado en cuenta como lo más destacado del año baja la moral, claro que sí. Quienes publicamos libros deseamos lo mejor para ellos: que se lean, se comenten, se compartan. El escritor es competitivo, fijón y obsesivo. Y un escritor joven suma a ese paquete de rasgos su inexperiencia y cierto tufillo de inmadurez.
Pese a la ausencia de mi segunda novela entre lo más destacado del año, las ganas de seguir trabajando están intactas. Es más, cierta piconería rebulle en mi fuero íntimo y provoca que desee escribir más que nunca. El deseo de publicar y compartir mis historias jamás ha retrocedido. Redoblaré fuerzas con la esperanza de que Lima Este me permita sacudirme de este efímero sinsabor que ha marcado a fuego el inicio del 2012.
A seguir trabajando, siempre con sonrisa y buena fe.
Llegó el momento de escribir mi recuento personal de lecturas en este año que mañana termina. He leído en total 36 libros completos.











